A lo largo de casi cuatro décadas fue investigado por tres juzgados penales, policías, funcionarios de inteligencia y efectivos de las Fuerzas Armadas. Hoy está en manos del Fiscal Perciballe. El ataque final narra este episodio y recrea parte de nuestra peor historia, la que nunca debemos repetir.
El libro
Promediando la década de 1970, un gris Uruguay sobrevivía como podía en medio de la dictadura militar respaldada por el Plan Cóndor. Dentro de las filas castrenses, varios de los principales actores de esos años veían con preocupación un posible final del régimen instalado por medio de la violencia.
El ascenso cada vez más notorio de las figura de Gregorio Álvarez se veía con preocupación dentro del ejército y por ello el asesinato que prepararon tenia por objetivo ganar tiempo, embarrar la cancha y dilatar cualquier eventual apertura democrática. Pretendieron así incidir en la implacable pugna por el poder que tenía lugar entre facciones militares.
Ese fue el origen esencial del crimen que pretendió aniquilar a tres dirigentes relevantes del Partido Nacional uruguayo y que terminó cegando la vida de Cecilia Fontana de Heber.
El autor rescata el personaje de Cecilia, hilo conductor de la historia, casada con el integrante del triunvirato blanco Mario Heber y madre de cinco hijos, quien debió lidiar con la dura realidad que se colaba por las ventanas sin sospechar que finalmente le golpearía las entrañas.
Matilde Rodríguez Larreta, casada con Héctor Toba Gutiérrez Ruiz, era más joven, pero era su amiga querida, y sus maridos, compañeros en la política. Por eso sus vidas se vieron atravesadas por los hechos dolorosos de mayo del 76 en Buenos Aires. Los asesinatos del Toba y Zelmar, las luchas y vicisitudes de Wilson, quien escapó milagrosamente de esa suerte (primero en Buenos Aires y luego en Londres). El crimen de Letelier, las amenazas al congresista Koch en EEUU y los entresijos de la CIA y la diplomacia conforman sin duda una trama de intrigas y emociones que lamentablemente fueron parte de nuestra peor historia reciente. Esa que no debemos volver a repetir nunca más.
Julián Ubiría, responsable de la editorial, conversó con Caras y Caretas y manifestó: “Este libro está destinado a ocupar un lugar privilegiado dentro de la bibliografía vinculada a la historia reciente por su particular mirada y su abordaje”. Sostiene que Long toma un episodio de honda repercusión en la sociedad de finales de los 70 y profundiza en sus causas y consecuencias, logrando una pintura muy vívida de una época terrible.
Por otra parte, sostiene Ubiría, “su perspectiva es la de un integrante del Partido Nacional, y no puede ni quiere evitar que el autor se combine con el narrador”, de esa forma, el punto de vista es el de un blanco, un actor que fue testigo de los hechos narrados, y ello le otorga un elemento adicional de verosimilitud al libro.
El responsable de la casa editora cree que “Ruperto logra atrapar al lector desde el mismo comienzo”. Apelando a una técnica polifónica que ya ha empleado en otros libros de su autoría, logra iluminar un mismo hecho desde miradas diferentes, incluso contrapuestas.
EL ritmo es vertiginoso y el relato de los terribles episodios ocurridos en Buenos Aires con Michelini y Gutiérrez Ruiz no da respiro al lector. También se logra -sostiene Ubiría- una magistral pintura de la personalidad de Wilson Ferreira, humanizándolo y presentándolo en toda su complejidad. El autor transita con fluidez desde los hechos públicos, hasta lo más íntimo. Las historias mínimas de los personajes.
El ataque final se presentará el próximo 8 de mayo, unos días antes de la Marcha del Silencio; por esa razón creo que este libro adquiere un valor muy especial, se convierte en un aporte de la reconstrucción de la memoria. Es un testimonio de todo lo terrible que fue la dictadura militar y desde sus páginas denuncia algunos de los crímenes más terribles que sus representantes perpetraron.
Ruperto Long nos manifestó que realizó una investigación muy profunda de los hechos ocurridos durante los años 1975 hasta 1978. Cree que era necesario que la muerte de Cecilia y todo lo que rodeó al episodio que le tocó vivir al Partido Nacional, merecía una investigación y un libro para que no se olviden los hechos. Nos expresó que intentó despolitizar desde el vamos la investigación que llevó adelante. Tomó como hilo conductor la figura de Cecilia Fontana de Heber, quien fue a la postre la víctima de ese ataque.
El autor nos cuenta que a medida que avanzaba la investigación, constató que las rencillas por el poder en la interna de las Fueras Armadas fueron esenciales a la hora de entender quiénes estaban detrás del atentado. El ascenso imparable en esos años del Goyo Álvarez y su desmedida ambición de poder se vieron reflejados en la aparición de un grupo disidente al interior del régimen -autodenominado “los Leales”- que editaba un publicación clandestina bajo el nombre de El Talero, quienes pretendían ganar tiempo y sobrevivir. Se negaban a cualquier posibilidad de apertura democrática.
Long nos explica en las páginas del libro la incidencia que tuvieron en esos años tan dolorosos la Embajada de EEUU y la CIA en nuestro país. Todo ello fue saliendo a luz, poco a poco, con el paso del tiempo, a medida que se desclasificaban documentos que en la época eran secretos. Esos fueron insumos esenciales, según nos cuenta, para su trabajo.
Ruperto reitera que “no fue fácil abocarse a este libro porque detrás de seta investigación está nuestra militancia, nuestra historia personal, la mía, la de mi mujer, el entierro del Toba cuando quedamos en la puerta del cementerio del Buceo, la lucha en el MUN en la facultad, en la vida misma. Eran tiempos difíciles y lo importante era mantener viva la llama. Los casetes con la palabra de Wilson, la visita a Londres que recordaremos permanentemente. En fin, nuestra única fortaleza, la que nos daba ganas de seguir adelante era volver a vivir en libertad”.
Caras y Caretas conversó con el Dr. Barrios Bove, abogado de la familia de la víctima en la causa sobre la investigación aún impune de la muerte de Cecilia Fontana de Heber. A impulso de Carlos Julio Pereyra, en 2006, se pide el desarchivo de la causa y se reabre la investigación, que recayó en el juzgado de la Dra. Gabriela Merialdo. En ese entonces, nos explica Barrios Bove, “estuvimos a punto de lograr imputar a uno de los responsables de los hechos. El procesamiento no prosperó”.
En la actualidad, nos aclara, el expediente se encuentra en la etapa de investigación en la Fiscalía Especializada en Crímenes de Lesa Humanidad, a cargo del Dr. Ricardo Perciballe.
Cuando cerré el libro, luego de la primera lectura, una frase me quedó grabada. Mario Heber, al morir Cecilia, dijo: “Nos han cambiado el país… Este no es mi país”. Vaya si tenía razón. Las muertes fueron muchas. Los desaparecidos demasiados. Los niños secuestrados, un horror. Este libro nos refresca la memoria de uno de los peores episodios de la dictadura uruguaya. Por todos ellos, nunca más.
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