Además de obviar las relaciones sanas con otras mujeres, la cinta también olvida la parte más empoderante de la actriz, como lo fue cuando fundó su propia productora (Marilyn M. Productions) y de que era una mujer inmensamente culta y leída, también tenía un talento fuera de lo común.
En un momento de auge del movimiento feminista a nivel mundial, habríamos necesitado una ficción más valiente y moderna y no el mismo cine de siempre rodado desde una lógica patriarcal o de un cine misógino que por suerte ya casi no interesa a nadie.
Además de ser una oportunidad perdida para contar cómo era realmente la actriz, la película es un verdadero tostón, una película extremadamente aburrida, con imágenes de desnudos gratuitos, primeros planos de Ana de Armas llorando y penando y poco más. Ni siquiera tienen sentido los cambios de blanco y negro a color en las secuencias, no existe una lógica para explicar esas variaciones de formato, más allá del capricho creativo del autor.
El director ha optado por hacer una película en la que habla de sí mismo y sus miedos, pero olvida a la protagonista, ha decidido no conocerla, hasta el punto de que gran parte de las cosas que cuenta no le hacen justicia, porque entre otras cosas no son verdad. Escribía Dargis que "dadas las humillaciones y horrores que sufrió M. Monroe durante sus 36 años es un alivio que no haya tenido que sufrir las vulgaridades de Blonde, el último necrofílico para explotarla".
Bien es cierto que Dominik ha querido poner sobre la mesa los abusos y violaciones a los que fue sometida Monroe, haciéndose eco (no sabemos con qué intención) del Metoo, pero ha escuchado campanas y no sabía de donde venían. De nada sirve visibilizar estas agresiones si luego plasmas la parte más trágica de la actriz, desnuda mediante, y obvias la parte más feminista de la misma como lo fue su tesón por defender su relevancia como actriz frente a unos estudios depredadores que querían tratarla como si fuese un producto de su propiedad.
Nos encontramos ante una nueva revictimización de Monroe, a medida que pasan los años y su fama crece, es maltratada una y otra vez, incluso por quienes dicen amarla. El director olvida la fuerza deslumbrante de la que ha sido la actriz más querida y representativa de Hollywood, un mito, pero también una mujer que luchó contra la segregación racial, que fue amiga de Ella Fitzgerald y defensora de los derechos civiles, y se opuso frontalmente a la caza de brujas anticomunista.
Una ficción puede ser lo que quieras que sea, y de esa mirada depende hacer algo valiente y revolucionario acorde al contexto que se vive o algo desfasado y caduco que ya hemos visto un millón de veces. Ha sido una oportunidad de oro perdida para explorar la mente de la artista, en lugar de meterse en su cuerpo una vez más, y de manera literal.
Por Anita Botwin (vía Público)