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Cultura | Kim Elizondo

Kim Elizondo: "El cine es un vehículo importantísimo para construir empatía"

El film, con parte de producción uruguaya, sigue a una mujer que debe enfrentarse a una nueva vida cuando su pareja extranjera deja de mantenerla económicamente.

Este fin de semana se estrena en cines locales Bye Bye, Paraíso, co-producción entre Costa Rica, Colombia y Uruguay que nos muestra la historia de Vilma, una mujer de 45 años que ve como su vida de lujos queda truncada cuando su pareja, un extranjero a quien ve una vez por año, deja de enviarle dinero y contestarle las llamadas. Una película que analiza un tema de gran actualidad con empatía y falta de prejuicios, y de la cual pudimos hablar con su directora, Kim Elizondo.

¿Cómo arranca este proyecto?

Pienso que tuvo distintos orígenes. El día que decidí escribir estaba en la playa, de noche, con insomnio, acababa de presenciar una mujer latina hablando español, y un hombre estadounidense hablando inglés, ninguno de los dos se escuchaba ni se entendía, pero eran pareja. ¿Se amaban? Me pregunté muchas veces.

Pienso en mi infancia, cuando mi abuelo migró a Estados Unidos en una ola de migración que hubo en mi pueblo a inicios de los 2000. Me daba cuenta que todas las personas querían una mejor vida, una que por una u otra razón, no podían encontrar acá. Estas personas iban a buscar un paraíso de mejores oportunidades, y ahora en mi adultez, observo cómo Costa Rica es considerado un paraíso para otros, pero a costa de desigualdad, gentrificación y daños ambientales.

Con el tiempo conocí a muchas mujeres latinas que tenían relaciones con hombres estadounidenses. Esas historias siempre captaban mi atención. Todas eran distintas, pero en cada una aparecía la promesa de una mejor vida como elemento central. Esas relaciones me recordaban la ausencia de mi abuelo: la figura de un hombre que está, pero no está; que provee, pero resulta inalcanzable.

Eventualmente compartí todas estas inquietudes con Gabriela Fonseca, productora y coguionista. Y así, poco a poco, después de decenas de conversaciones, nació Vilma.

¿Sientes que un cine que aborde un tema tan íntimamente femenino tiene el interés que merece o aún es complicado de realizar?

A veces pienso que existe una expectativa no hablada del cine que debe ser hecho en Latinoamérica y que nuestra película de alguna forma rompe con esa expectativa. Hablamos de una vivencia femenina desde la ternura, el color, la excentricidad, la comedia agridulce, y desde una personaje contradictoria y caótica, para nada ejemplar, pero sí muy auténtica. A pesar de que hay más apertura que antes para hablar de temas vinculados a historias de mujeres, me queda la sensación de que todavía hace falta más apertura para que podamos hacerlo en el tono, género, y forma que sintamos más genuina, sin encasillamientos ni reservas.

Por otro lado, hay una creencia de que el cine “hecho por mujeres”, es sólo para mujeres. A mi particularmente me encanta que la gente lleve a sus tías, madres y amigas a ver esta película, de hecho, para eso la hicimos. Pero en general, como sociedad consumidora de arte, siento que nos falta mucho para entender que las miradas son infinitas y radicalmente distintas entre sí independientemente del género. Me parece importante no perder de vista que las chicas consumimos arte hecho por hombres muy fácilmente, pero para muchísimos hombres, consumir arte hecho por mujeres sigue siendo un esfuerzo o una excepción. Para mi, el cine es un vehículo importantísimo para construir empatía hacia otros territorios, generaciones, miradas. Tiene un potencial inmenso, infinitamente mayor al que se le reconoce hoy, y me encanta pensarlo como un algo “útil”, no solo algo que consumos para “ser culta”, o “entretenerme” o “escapar a la realidad”, sino algo que puede llenar vacíos en la sociedad tan fracturada que vivimos hoy día. Sé que es idealista, pero genuinamente lo creo.

La película presenta una realidad en la que el sexo y el amor son valores monetarios, en una nueva era de vínculos digitales. ¿Sientes que esta es una realidad actual para muchas mujeres? ¿Por qué?

Sí, siempre lo fue, pero la virtualidad hace que los intercambios sean más rápidos, fríos y mercantilizados. En el proceso de escritura de esta película nos encontramos con muchos casos, todos con sus propias particularidades, pero el tema monetario siempre estaba en medio. Hay una parte de esos intercambios que decidimos respetar y dejar en la intimidad, ciertos detalles en los que no quisimos indagar. Abordamos el conflicto desde un lugar digamos “existencial” y específico para la experiencia femenina, y desde el cual como creadoras podíamos identificarnos y repensarnos. ¿Hay amor o no hay amor? ¿Amor o sobrevivencia? ¿Se pueden ambas? Hay una escena de la película que retrata este conflicto de forma muy directa, entre Vilma y su mejor amiga Déborah, ambas con posiciones muy distintas en el tema. Una que romantiza sus vínculos para sobrevivir, y la otra que los mercantiliza. Caemos en cuenta de que estamos hablando de mujeres que debaten al respecto, porque no les quedó otra opción. Mujeres que no decidieron su destino, sino que juegan con las opciones que se les ofrece el escenario gentrificado en el que habitan. En esa lógica, encontramos un punto en común para muchas de estas realidades que sabemos que abundan en países como el nuestro.

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