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Cultura | Wildwood

Los creadores de Laika vuelven a sorprender con la animación stop motion de "wildwood"

Los responsables de previas maravillas del género como 'Coraline y la puerta secreta' regresan con una cinta enfocada a jóvenes adultos y fanáticos de la fantasía.

Wildwood – el bosque salvaje

En 2023, el director mexicano Guillermo del Toro recibió el Globo de Oro a Mejor película animada por Pinocho, muy particular reversión del clásico de Carlo Collodi, y pronunció un discurso que resonó fuerte en el corazón de muchos cinéfilos de todo el mundo: "La animación es cine. La animación no es un género para niños, es un medio."

Más adelante, al ganar el Oscar por la misma película, llevó más allá el discurso al afirmar que "la animación es cine. La animación no es un género. Y la animación está lista para ser llevada al siguiente nivel. Todos estamos listos. Por favor, ayúdennos a mantener la animación en la conversación." Ambos discursos son interesantes porque sostienen que la animación, como medio, puede alejarse de temas generalmente vinculados con la infancia para abordar narraciones más complejas y adultas, y, sobre todo, tratar de imponer la idea de que el medio animado no es un estilo sino una forma expresiva de lenguaje cinematográfico.

Y si bien es cierto que la explosión relativamente reciente del anime japones como un fenómeno mainstream ha expandido en el público tradicional la idea de una animación mucho más adulta y con fuertes cantidades de violencia, sexo o dramatismo, en Occidente sigue siendo un género íntegramente dirigido a la infancia, con apenas algunas excepciones que, ocasionalmente, se cuelan en las pantallas locales o en, precisamente, premiaciones como los Oscars. La empresa Laika, sin embargo, está en un punto medio: no es posible llamar a sus películas cine infantil, pero tampoco cine adulto, ya que, si bien sus producciones suelen tener algún coqueteo con temas más oscuros que lo tradicional y a veces presentan situaciones intensas o violentas, de todas formas sus historias suelen tener elementos de cine familiar que invitan a todos los espectadores a seguirlas.

Wildwood – el bosque salvaje es buen ejemplo de ello

La película sigue la historia de Prue, una adolescente que ve como su vida cambia de un momento a otro cuando, desobedeciendo las órdenes de sus padres, sale a caminar con su pequeño hermano, sin saber que está dando inicio a una serie de oscuros acontecimientos que los involucran. Durante esa salida, el niño es raptado por una bandada de cuervos y llevado a un bosque neblinoso a las afueras de la ciudad, lugar al que ningún habitante del lugar se atreve a ir. La protagonista se adentra en el bosque junto a un amigo para salvar a su hermano, y allí se encuentra con un universo mágico plagado de seres fantásticos, que incluyen animales parlantes, personas con magia y diversas tribus que, a pesar de sus múltiples diferencias, deben unirse al enterarse que Alexandra, una mujer con oscuros secretos, está activando un plan que puede destruir tanto al bosque como a toda la vida a su alrededor, precisando justamente del niño para lograr su objetivo.

Al igual que Pinocho, Wildwood utiliza la técnica del stop motion, un complejo proceso en donde se fotografían diferentes movimientos de elementos reales, llámense en este caso marionetas (por decir lo más cercano a lo que está en pantalla), que al verlo en el producto final, tienen la misma fluidez que una técnica tradicional, aunque destacándose por la particular textura de los elementos y una apariencia mucho más artesanal. Para que el espectador pueda hacerse una idea de esto, los propios animadores dentro de la empresa han comentado que, para producir 1 o 2 segundos de película, el tiempo de trabajo es de hasta una jornada entera, logrando en una semana apenas tres segundos de película como promedio, lo que hace entendible que los 130 minutos de este film hayan costado más de cuatro años de esfuerzo colectivo.

El esfuerzo se ve en pantalla y este estreno resulta una de las propuestas más ambiciosas dentro del cine animado en general, no solo por la excelencia en la técnica y el asombroso resultado a la hora de los movimientos (es increíble ver como cada detalle en pantalla está minuciosamente cuidado, desde el ondular del agua hasta el vuelo sutil de una hoja levantada por un movimiento brusco) y la expresividad de sus personajes, sino también por la masiva escala de la acción, destacándose una secuencia de batalla sobre el final que, en el género, sólo puede compararse con la épica con tintes de Kurosawa de La princesa Mononoke, también otro prodigio de animación - aunque en ese caso, del dibujo a mano – de Hayao Miyazaki. Como es habitual en sus producciones, el trabajo del equipo animado de Laika merece verse en pantalla grande por la riqueza de sus detalles, creando elaborados sets en miniatura que, película a película, logran ser más grandes y complejos, como lo demuestran los dos largos y abarcativos sets que exploran en profundidad el bosque y la ciudad que sirven de ambientación a su historia.

La cinta recuerda también a varias producciones que trabajan de igual manera un tono que constantemente oscila entre el cine infantil y el adulto, logrando ser atractiva para ambos. La fantasía tiene el espíritu aventurero y místico de La princesa prometida, además del toque 'realista' que podían tener las (un poco) más terrenales Las crónicas de Spiderwick o Narnia. Es una fantasía épica muy bien lograda que lleva a Laika a un nuevo territorio y expande aún más su ecléctico catálogo, iniciado en 2009 con la intrigante Coraline y la puerta secreta, film de terror juvenil con tintes góticos que logró convertirse en film de culto y luego siguió con las comedias ParaNorman y Los boxtrolls, alcanzó una desconocida – y brillante - profundidad emocional con Kubo y la búsqueda samurai y volvió al humor con Sr. Link, aventura con toques de Julio Verne.

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