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Cultura | Mandrake Wolf

Mandrake Wolf: "Hacer un disco sigue siendo un acto de fe"

A diez años de Mandrake y los Druidas, Alberto "Mandrake" Wolf presenta Un Plan Perfecto, un disco que confirma la vigencia de la canción de autor y reivindica el álbum como una obra artística en tiempos de plataformas digitales.

En esta conversación habla del oficio de componer, de la música como forma de vida, del valor de escuchar con calma y de una escena uruguaya que sigue sorprendiendo por su creatividad.

En un tiempo donde la música parece consumirse a la velocidad con la que se desliza una pantalla, Alberto "Mandrake" Wolf sigue creyendo en el disco. No como una suma de canciones, sino como una obra completa, un recorrido, una fotografía de un momento de la vida. A pocos días del lanzamiento de Un Plan Perfecto, el cuarto trabajo de Mandrake y los Druidas, el músico habla con la tranquilidad de quien nunca dejó de confiar en el proceso creativo, más allá de los cambios de la industria.

Para Mandrake, editar un disco continúa siendo un acontecimiento especial. Explica que un álbum nunca nace de un impulso repentino, sino de un proceso que puede llevar años entre composiciones, arreglos, ensayos y búsquedas sonoras. "Presentar un disco es un acto de fe", afirma. "Es decir: esto es lo que trajimos, esto es lo que nos interesa mostrar. Después veremos qué pasa."

La reflexión adquiere mayor peso en un contexto donde predominan las plataformas digitales y los sencillos. Sin embargo, lejos de cuestionar esos nuevos formatos, Mandrake reconoce que simplemente responden a otro lenguaje. "No estoy en contra de las plataformas, aunque todavía me cuesta entenderlas. Lo que sí veo es que muchas veces hacen más negocio quienes administran esas plataformas que los propios artistas", comenta con honestidad. Esa mirada también explica la emoción que le produjo volver a editar sus últimos discos en vinilo. Para alguien que comenzó su carrera cuando el disco era un objeto cultural, el regreso a ese formato tiene un fuerte contenido simbólico. "Para mí un disco siempre fue un vinilo. Tiene un concepto, una unidad. Es una forma de cerrar una etapa y mostrar quién sos en ese momento."

El lanzamiento de Un Plan Perfecto coincide además con los diez años de Mandrake y los Druidas, una banda que nació de una manera muy distinta a otros proyectos del músico. Mientras Los Terapeutas surgieron entre amigos, los Druidas fueron el resultado de una búsqueda artística. Mandrake comenzó a escuchar músicos más jóvenes, se acercó a ellos por admiración y les propuso grabar un disco sin demasiadas expectativas. "Les dije: hagamos un disco y veamos qué pasa. Podría haber terminado ahí. Pero terminó naciendo algo muy fuerte."

Con el tiempo, aquella reunión de músicos se convirtió también en una amistad inesperada. "Somos personas de generaciones distintas, de ambientes diferentes, pero nos encontramos en la música. Se armó una química que todavía me sorprende", cuenta. Diez años y cuatro discos después, considera que la banda construyó una identidad propia que ya no depende de ninguna referencia anterior.

El nuevo álbum surgió con la misma naturalidad con la que suelen aparecer las mejores canciones. Después del lanzamiento de Sweet Raimundo, el grupo siguió ensayando semanalmente, tuviera o no presentaciones. Poco a poco comenzaron a acumular nuevas composiciones. Primero fueron nueve canciones, luego organizaron un ciclo para tocarlas en vivo y, casi sin proponérselo, descubrieron que ya tenían un nuevo disco entre manos. "Ahí nos dimos cuenta de que había un álbum. Después aparecieron tres canciones más y terminó de completarse."

Uno de los rasgos que más llama la atención al escucharlo hablar es la manera en que entiende la creación artística. No describe la inspiración como un momento extraordinario, sino como una disposición permanente para observar el mundo. "Yo siempre digo que los temas me eligen a mí", resume. Recuerda que una de las canciones del disco nació simplemente escuchando una historia sobre un barco hundido mientras conversaba con su compañera. A partir de esa imagen apareció otra, relacionada con la Rambla Sur, y finalmente la canción terminó encontrando su forma. "Primero aparece una melodía, después una palabra. Esa palabra empieza a pedir una canción."

Después de tantos años componiendo, reconoce que fue adquiriendo un oficio que le permite trabajar de distintas maneras. Escribió para carnaval, colaboró con otros músicos y aprendió a construir canciones desde diferentes lugares. Sin embargo, sigue convencido de que las mejores ideas aparecen cuando uno está dispuesto a escucharlas.

En Un Plan Perfecto también participa por primera vez un músico invitado: Walter "Nego" Haedo. La incorporación surgió de las sesiones conocidas como "La Cueva de los Druidas", donde la banda suele invitar artistas para compartir escenario. "Había mucha química entre nosotros. Lo invitamos a tocar en cinco canciones y la rompió. Tiene humor, una personalidad enorme y le dio otra impronta al disco."

Más allá de las influencias del rock clásico o de la música afroamericana, Mandrake asegura que esas mezclas nunca fueron un experimento consciente. "Forma parte de nuestro ADN", dice con naturalidad.

Cuando la conversación se aleja del disco para hablar de la música uruguaya, el entusiasmo es inmediato. Cree que el país ha logrado construir una identidad musical única, a pesar de su tamaño. "Somos un país muy chico y tenemos una producción impresionante. Muy diversa, pero al mismo tiempo reconocible. Hay algo que hace que uno escuche una canción y diga: esto es Uruguay."

Menciona con orgullo el legado del candombe, la murga, Jaime Roos, Rubén Rada, el rock uruguayo y el éxito internacional alcanzado por bandas como No Te Va Gustar, La Vela Puerca o El Cuarteto de Nos. Sin embargo, también advierte que el sector continúa enfrentando dificultades importantes. "Nos falta una política cultural más fuerte. Hay que cuidar la música. Los gobiernos siguen teniendo un debe con la cultura."

Después de más de cuarenta años dedicados a escribir canciones, grabar discos y recorrer escenarios, la motivación sigue siendo sorprendentemente sencilla. "A mí me desafía un nuevo día de vida", dice. "Si además puedo llenarlo de música, es un día precioso." Se define como un artesano antes que como una figura pública. Convivir con la música, escucharla con atención, escribir una melodía nueva o descubrir una canción son, para él, formas de agradecer la posibilidad de seguir creando.

El disco llega a las plataformas el 14 de agosto y será presentado oficialmente el 9 de octubre en La Trastienda. Mandrake espera que ese tiempo permita que las canciones encuentren a su público antes del recital.

Y cuando llega el momento de invitar a escucharlo, no habla de reproducciones ni de algoritmos. Su propuesta es mucho más simple.

"El plan perfecto sería sentarse cuarenta minutos, con un mate o un café, y escuchar el disco tranquilo." En tiempos donde casi todo sucede a gran velocidad, la invitación parece tener algo de manifiesto. Escuchar un disco completo, detener el tiempo y dejar que las canciones hagan su trabajo. Porque, como dice Mandrake, al final son ellas las que siempre terminan eligiéndonos.

Mandrake Wolf es el claro ejemplo una vida dedicada a la música y canción o simplemente para Mandrake la vida tiene como parte relevante la música.

Hablar de Alberto "Mandrake" Wolf es recorrer buena parte de la historia reciente de la música popular uruguaya. Compositor, guitarrista, cantante y referente de la canción de autor, su trayectoria supera las cuatro décadas y se caracteriza por una permanente búsqueda artística, donde conviven el rock, el blues, el candombe, el folklore urbano y la tradición de la canción rioplatense.

Su nombre quedó profundamente asociado a Los Terapeutas, banda emblemática fundada a fines de la década de 1980, con la que construyó una identidad propia basada en letras cargadas de poesía, humor, ironía y una aguda observación de la vida cotidiana. Durante más de treinta años, el grupo dejó una huella significativa en la música nacional y formó parte de la renovación del rock uruguayo surgida tras el retorno de la democracia.

Paralelamente, Mandrake desarrolló una extensa carrera como solista, publicó numerosos discos y colaboró con algunos de los músicos más importantes del país. Sus composiciones han sido interpretadas por diversos artistas y su participación en el Carnaval uruguayo, especialmente como letrista, amplió aún más un universo creativo siempre atento a la realidad social y cultural del país.

En 2015 comenzó una nueva etapa con la formación de Mandrake y los Druidas, un proyecto integrado por músicos de una generación más joven que nació a partir de la admiración mutua y del encuentro a través de la música. Lo que inicialmente parecía una experiencia puntual terminó consolidándose como una banda con identidad propia, que hoy celebra diez años de trayectoria y presenta su cuarto trabajo discográfico, Un Plan Perfecto.

Más allá de los proyectos, Mandrake ha mantenido una constante a lo largo de toda su carrera: la convicción de que la canción sigue siendo una poderosa herramienta para contar historias, emocionar y observar el mundo. Con un estilo profundamente personal, donde conviven la sensibilidad poética, el humor y una mirada humanista, continúa siendo una de las voces más originales y respetadas de la música uruguaya contemporánea.

Para Mandrake Wolf hubo dos momentos especialmente duros para quienes hicieron de la música su forma de vida: la dictadura y la pandemia de COVID-19. Dos períodos históricos muy diferentes, pero atravesados por una experiencia común: la imposibilidad de encontrarse con el público y tocar en vivo. Durante la dictadura, la censura, las prohibiciones y la persecución limitaron profundamente la expresión artística; décadas después, la pandemia volvió a cerrar salas, suspender espectáculos y dejar a músicos y trabajadores de la cultura sin escenarios y, muchas veces, sin ingresos. Mandrake recuerda ambas etapas por sus consecuencias económicas, pero también por el impacto emocional que supone para un artista no poder hacer aquello que estructura su vida. En su trayectoria, esos momentos refuerzan una certeza: la música no es solamente un trabajo ni un producto cultural; es encuentro, expresión y una forma de estar en el mundo.

En diez años de historia, Mandrake y los Druidas editaron cuatro discos, tres de ellos también en vinilo. La cuenta es sencilla pero significativa un álbum cada dos años y medio, un ritmo que para Mandrake funciona como un buen indicador de la vitalidad de la banda, de un grupo que permanece activo, ensaya, toca y, sobre todo, nunca deja de componer.

El vinilo tiene además un significado especial destaca Mandrake en la conversación. En tiempos en que buena parte de la música existe únicamente en las plataformas, la materialidad hace que el disco se vuelva real: tiene una forma, una secuencia, una tapa y una obra que puede tocarse, guardarse y escucharse como una unidad. Para alguien de una generación en la que editar un disco significaba justamente eso, tenerlo entre las manos conserva un enorme valor simbólico.

Pero llegar a ese objeto terminado supone mucho más que reunir canciones. Un disco no aparece de un día para otro. Detrás hay meses y años de composición, ensayos, arreglos, pruebas, descartes y decisiones compartidas. Cada canción es una pieza que debe encontrar su lugar hasta que, finalmente, el conjunto adquiere una identidad y un sentido. Un Plan Perfecto es el resultado de ese proceso: el cuarto capítulo de una banda que, diez años después de comenzar, sigue encontrando razones para reunirse y hacer música.

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