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Cultura | Cine

Rebelión en la Granja: nueva adaptación de un clásico literario con poder cuestionador

El regreso del mítico libro de George Orwell a la pantalla grande revela qué tan actuales siguen siendo sus palabras y su advertencia sobre los líderes autoritarios.

Esta semana llegó a las salas locales una nueva versión cinematográfica del clásico libro Rebelión en la granja, del escritor George Orwell, la cual está a cargo de Andy Serkis, más conocido por su faceta actoral y su mítica interpretación de la bestia Gollum en El señor de los anillos. Para Serkis esta es una cinta con un largo camino, ya que fue originalmente anunciada en 2012; más de 10 años después y múltiples cambios detrás y delante de cámaras, la película llegó a salas con las voces (en su versión original) de estrellas como Seth Rogen, Glenn Close, Woody Harrelson y Kathleen Turner.

Cambios y permanencias

Existe en esta oportunidad una polémica por su enfoque: se trata de una versión con abundantes cambios y un decidido viraje a un tono más familiar, con agregados de humor e incluso la inclusión de un protagonista joven que aparece en el medio de las dos fuerzas centrales del relato: los cerdos Snowball y Napoleón, quienes empiezan a gobernar juntos la granja animal y terminan divididos por diferencias ideológicas. La base del relato, de todas formas, sigue siendo la rebelión de los animales en una granja británica, tomando el control de las manos de los humanos y asumiendo la organización de la granja a fin de compartir sus beneficios. Sin embargo, las cosas comienzan a corromperse lentamente cuando los cerdos comienzan a mostrar tendencias autoritarias y el poder se concentra en la figura de Napoleón, quien aleja a Snowball y decide hacer negocios con los humanos a medida que se siente más y más cómodo comportándose como aquellos a quienes los animales echaron en primer lugar.

El estreno de esta película invita a repasar la historia de este clásico y su relevancia en el mundo actual. El libro original, escrito por Orwell a finales de 1943 y publicado recién en 1945, era el resultado de su profundo desprecio hacia la Unión Soviética y el régimen de Iósif Stalin; a pesar de considerarse un socialista demócrata, había tenido, durante la Guerra Civil española, varios enfrentamientos con partidarios del soviético, lo que lo llevaron a tener una opinión muy negativa de dicho lugar y sus gobernantes. De hecho, en un prólogo de Rebelión en la granja afirmaba que tenía "el convencimiento de que la destruccion del mito soviético era esencial para la resurrección del movimiento socialista. A mi regreso de España me propuse denunciar el mito soviético en un relato que pudiese entender casi cualquiera y que pudiera traducirse facilmente a otros idiomas." El objetivo se logró con creces, en un relato que no permite lugar a dudas en su retrato de Stalin, Trotski, Marx y el proletariado que cree en sus ideales.

Sin embargo, el propio contexto histórico no le haría las cosas fáciles al escritor. Durante 1941 y 1942 Stalin haría una alianza con Gran Bretaña, lo que hacía particularmente sensible la publicación de un texto de un carácter tan crítico para con un nuevo aliado estratégico. A pesar de eso, Orwell intentó durante mucho tiempo encontrar una editorial que accediera a publicar el texto, aunque se encontró únicamente con varias negativas, motivadas también por un informe oficial que alertaba a los editores sobre las consecuencias negativas que podía tener el libro en la relación entre los dos países. Abatido, Orwell se propuso editarla él mismo, hasta que una editorial por fin accedió a publicarlo en agosto de 1945, un mes antes del final de la Segunda guerra mundial. El lanzamiento fue discreto, pero sirvió para encender la mecha de un incendio que no se apagaría pronto: más allá de algunos intentos por esconder el libro, poco a poco fue ganando fuerza entre disidentes a Stalin, quienes comenzaron a difundir el libro en sus respectivas lenguas, ganando una reputación internacional que terminó convirtiendo al libro en un enorme éxito y a su autor en una figura universalmente conocida.

Cine y algo más...

Años después de su publicación, el libro encontró, inesperadamente, un difusor insólito: la CIA. La agencia de inteligencia estadounidense encontró en la fábula animal una excelente oportunidad para transmitir el mensaje antisoviético a los niños y sus familias durante las primeras épocas de la Guerra Fría, y financió la primera adaptación del libro a la pantalla grande, una película animada del mismo nombre que se estrenó en 1954 y se usó como propaganda en contra del comunismo: a fin de dejar bien clara la idea, el final fue cambiado para mostrar la muerte de Napoleón, desplazando así a la lúgubre resolución del relato original que llamaba a la reflexión sin necesidad de caer en ese tipo de obviedades. Orwell, quien falleció tempranamente en 1950, nunca estuvo de acuerdo con el uso ideológico que Estados Unidos le dio al libro, reflexionó en algún momento que "quería que la moraleja fuera que las revoluciones solo logran una mejora radical cuando las masas están alerta y saben cómo echar a sus líderes tan pronto como estos hayan hecho su trabajo. La vuelta de tuerca en el libro es que los cerdos regresan por completo al capitalismo. El destino de los cerdos y los hombres es idéntico."

Esa declaración, junto al paso del tiempo y los diferentes regímenes totalitarios que se han vivido en diferentes partes del mundo, otorgan un carácter universal a la obra que hoy, más que hablar específicamente de un momento determinado, parece ser un texto que resuena con mucha pertinencia. Es la tarea de todos nosotros detectar e impedir los autoritarismos, sean de la ideología que sean; Orwell dedicó su vida a eso, y es el motivo por el que siempre vuelve al foco de atención, también en la pantalla grande.

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