Disputar la representatividad
Uno de los ejes centrales de la entrevista es la crítica a lo que Jorysz llama la "voz hegemónica" de la colectividad judía organizada en Uruguay, a la que responsabiliza de contribuir a una operación discursiva más amplia, emparentar o directamente asimilar el judaísmo, como identidad religiosa y cultural, con la defensa del Estado de Israel y las ideas del sionismo.
Frente a esa asimilación, el colectivo se propuso —en sus palabras— colocar otra voz, representativa de una porción de judíos en el mundo y también en Uruguay, que percibía el genocidio en curso de una manera que no encontraba espacio ni en la prensa, ni en las conversaciones cotidianas, ni en el barrio. Se trata, subrayó, de separar con claridad el sionismo y las posturas de sectores organizados de la colectividad judía por un lado, del judaísmo y el pueblo judío en general por otro.
La carta a la Presidencia y el efecto multiplicador
El primer gesto público y concreto del colectivo fue una carta dirigida a la Presidencia de la República. El planteo, según describió Jorysz, era simple y directo, que el gobierno uruguayo condenara el genocidio y rompiera relaciones comerciales, diplomáticas, militares y académicas con Israel.
Ese documento tuvo, de acuerdo a su relato, un doble efecto. Por un lado, permitió instalar el tema en la opinión pública y reunir un número de adhesiones de judíos uruguayos que Jorysz calificó de "interesante". Por otro, funcionó como un revelador, mostró que existían muchos más judíos y judías en el país que compartían esa mirada crítica de lo que se suponía, pero que hasta entonces no encontraban ni el espacio ni el estímulo para manifestarlo. A partir de las firmas reunidas, fueron las propias personas adherentes quienes empezaron a preguntar qué otras acciones podían emprender, lo que derivó en la consolidación del colectivo como espacio organizado y estable.
Ciudadanía uruguaya y ciudadanía del mundo
Jorysz ubicó la tarea del colectivo en una doble escala. Por un lado, como uruguayos, aportar su "granito de arena" desde la especificidad de ser judíos que no se sienten representados por el discurso oficial de la colectividad organizada. Por otro, como ciudadanos del mundo, sumarse a la denuncia internacional de lo que está ocurriendo en Palestina y exigir el cese del horror que, sostuvo, lleva adelante Israel.
El testimonio de Jorysz se inscribe en un fenómeno que excede las fronteras uruguayas, en distintos países se han conformado organizaciones de judíos como Jewish Voice for Peace en Estados Unidos o colectivos similares en Europa y América Latina que reclaman explícitamente no ser representados por los gobiernos que invocan el judaísmo para justificar la ofensiva militar sobre Gaza. El caso uruguayo, replica esa tensión a escala local, la disputa por quién tiene derecho a hablar en nombre de una identidad religiosa y cultural que -insiste Jorysz- no es homogénea ni se agota en una posición política.