Lo que muestran los números
Los datos oficiales muestran que la actividad maliciosa no deja de crecer. De acuerdo con las estadísticas de incidentes de CERTuy, el centro nacional de respuesta a incidentes, en 2025 se detectaron y gestionaron 42.768 incidentes de seguridad, casi el triple que el año anterior. El propio organismo atribuye parte de ese salto a mejores métodos de detección y a más fuentes de información, así que el aumento no se explica solo por más ataques. Lo que sí resulta llamativo es la composición: el 73% de los casos correspondió a recolección de información, una categoría que agrupa intentos de reunir datos sobre sistemas y redes y que suele funcionar como paso previo a ataques más elaborados.
A eso se suman modalidades que apuntan directamente a las personas, como las estafas con clonación de voz mediante inteligencia artificial, que imitan a familiares o conocidos para pedir dinero o datos. Frente a ese tipo de engaño, ninguna herramienta técnica reemplaza la desconfianza y la verificación por otra vía.
Qué tienen en común las mejores VPN
Una VPN actúa sobre el tramo que la ley no cubre: cifra la conexión entre tu dispositivo y un servidor del proveedor, de modo que quien observe la red solo ve datos ilegibles. Eso reduce lo que un tercero puede recolectar cuando usás redes compartidas, aunque traslada la confianza a otra empresa. Por eso importa tanto saber a quién se le confía el tráfico.
Las mejores VPN suelen compartir algunos rasgos verificables. El primero es la jurisdicción: conviene saber en qué país está registrada la empresa, porque sus leyes determinan qué puede pedirle una autoridad. Surfshark, por ejemplo, tiene sede en Ámsterdam y está sujeta a la legislación de los Países Bajos. El segundo es la infraestructura: este proveedor funciona con servidores que operan solo en memoria RAM, de manera que la información se borra cuando se reinician, y su política de no registros fue revisada por Deloitte en varias ocasiones, la última en 2025. El tercero es técnico: protocolos actuales como WireGuard y un corte automático de conexión que evite que el tráfico salga sin protección si la VPN se interrumpe.
Ninguno de esos rasgos convierte a un servicio en infalible, pero son datos que se pueden comprobar, a diferencia de las promesas genéricas de "seguridad total" que abundan en la publicidad.
Tres capas que se complementan
Para ordenar las ideas, sirve pensar la privacidad como un conjunto de capas, cada una con su alcance:
Capa
Qué cubre
Qué no cubre
La ley y la URCDP
Cómo empresas y organismos guardan y usan tus datos, y tus derechos frente a ellos
Lo que viaja por una red mientras te conectás
Una VPN confiable
El cifrado del tráfico entre tu dispositivo y el servidor del proveedor
Los engaños que te llevan a entregar datos por tu cuenta
Tus propios hábitos
Verificar pedidos sospechosos, usar doble factor, desconfiar de mensajes urgentes
Las fallas de seguridad de terceros que guardan tu información
Ninguna capa alcanza por sí sola. La ley pierde fuerza si los datos se filtran en el camino, la VPN no sirve de mucho si alguien te convence de dictar un código por teléfono y los buenos hábitos no evitan que una empresa sufra una brecha.
En pocas palabras
La Ley N.º 18.331 te da derechos claros sobre cómo se guardan y se usan tus datos, con plazos y un organismo de control al que recurrir. Pero no alcanza el trayecto de la información, y las cifras de CERTuy muestran un volumen creciente de incidentes, con un fuerte peso de la recolección de información. Una VPN confiable cubre ese tramo, siempre que se elija con criterios verificables como la jurisdicción, la infraestructura, las auditorías y los protocolos que usa. Y junto con la ley y la VPN, los hábitos personales siguen siendo la defensa principal frente a estafas que apuntan directamente a las personas.