Diez años más tarde, en 1933, cuando la resistencia a la dictadura de Terra, son asesinados los militantes populares Idalecio Lujambio y Julia Scorino, ambos símbolos del corte político que la causa sindical había ganado.
La represión pasará a ser una constante de cada 1º de Mayo, luego del acto central, hasta que en 1973, mientras la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) convocaba a un acto de carácter festivo, desde las filas de la Resistencia Obrero Estudiantil, se exigía un 1º de Mayo combativo. “Ya celebraremos un primero de Mayo de alegría. Será cuando con la lucha de todos derrotemos al enemigo de clase y construyamos el poder popular en nuestra patria libre y socialista”, decían los volantes.
Pero esa sería la última convocatoria legal en años, ya que el 27 de junio de ese año sobrevino el golpe de Estado y comenzaron los 12 años de dictadura.
En efecto, tras la heroica huelga general de 15 días por el golpe de Estado, la persecución alcanzó a miles de militantes, aunque cada 1º de Mayo los trabajadores igualmente se las arreglaron para cumplir con su cita.
Dentro de este negro panorama, a comienzos de los 80, se comenzó a consolidar el Plenario Intersindical de Trabajadores (PIT), que abrió las puertas al 1º de Mayo de 1983, instancia en la que por primera vez, en diez años de represión, un cuarto millón de personas ocupó las calles exigiendo “Libertad, Trabajo, Salario y Amnistía”.
Este fue el paso previo a enero de 1984, cuando se produjo el primer paro general desde el inicio de la dictadura.
En adelante, el Pit-Cnt pasó a ser el referente indiscutible de las luchas de clase y de las corrientes del movimiento sindical uruguayo, transitando un proceso de unificación en torno a un programa y a una sola organización.
Con una de las tasas de sindicalización más altas del continente y seguramente del mundo, el Pit-Cnt tiene por meta alcanzar al 100% de los trabajadores, para lo cual ha desarrollado campañas masivas en los últimos años. Mientras en 2003 la central contaba con unos 110.000 afiliados, la cifra actual de afiliados a los sindicatos que integran la central ronda los 400.000 trabajadores.
Estos números, sumados al avance que se ha registrado en las negociaciones de los Consejos de Salarios, la adecuación de algunos sectores más sumergidos, el reconocimiento de los derechos a los trabajadores rurales y las trabajadoras domésticas, entre otros hasta ahora no reconocidos, se cuentan entre las principales reivindicaciones alcanzadas en los últimos años por el movimiento sindical organizado.