La previa:
Estuvo marcada por campaña sucia que sacudió las madrugadas de muchas familias uruguayas previas al domingo, con canciones de algún candidato del Partido Nacional a horas no tradicionales para la propaganda. Algunos dicen que fue obra intencional de otro candidato del mismo partido para causar fastidio, pero lo cierto es que la pulcritud estuvo ausente en esta y otras ocasiones de la campaña y abundaron las blasfemias en boca de los sufrientes que vieron interrumpido su sueño. Hubo también otros que perdieron el sueño tratando de recordar dónde habían guardado la credencial cívica, insomnio vigente solo hasta que se enteraron que podían votar sin ella.
Las redes sociales:
Se consolidaron como un nuevo e importante espacio de campaña con tiempos fuera del tiempo tradicional que se desmigaja en unidades diferentes a las conocidas. Es así de difícil de definir el tiempo y el espacio de las redes sociales, propicio para las noticias falsas, para las posverdades, para hacer correr imprecisiones y desinformar. Es un tiempo de amplificaciones de aquellos chismes de antaño que quedaban en el mostrador del bar o en la cuadra y el barrio para pasar a ser ampliamente difundidos sin ton ni son.
Hoy más que nunca hay que tomar conciencia de que hay que “ poner cabeza” y pensar por cuenta propia abriendo espacios de reflexión para combatir las voces que se suceden superpuestas con la intención de marearnos.
El músico:
El clima no ayudó. La mañana despertó con lluvia, oscuridad y frío. Sin embargo, nada de esto amilanó a un músico veterano que fue casi el primero en votar en un circuito del centro montevideano, cargando su guitarra, compañera de la noche con la que venía de ganarse el pan cantando.
Caprichoso:
Fue el ciudadano que había sido convocado como secretario de una mesa electoral y llegó a las siete y veinte cuando la mesa ya estaba conformada con su suplente y el acta de constitución del circuito ya cerrada. Se sentó y se negaba a retirarse, obstinado o caprichoso, que le dicen.
¿Guerra?
El lenguaje utilizado remite más a la guerra que a la paz natural con la que circula la vida electoral en Uruguay. Así que se denomina, por ejemplo, “búnker” el sitio en el que esperará los resultados cada candidato/a, o “comando” el equipo de asesores y militantes. El lenguaje, esa herramienta que nos hace tan humanos, siempre merece un capítulo aparte. Me llama la atención que el cuarto secreto, que es expresión de la confidencialidad del voto, sea con frecuencia en el lenguaje cotidiano referido como cuarto “oscuro”, quizás como resquicio de los juegos de la infancia, o como sinónimo de lo que no se conoce aún, de lo que quizás no se puede prever y se sabrá solo con el escrutinio en las horas siguientes.
Los lugares:
Muchos uruguayos no trasladan su credencial cívica aunque no vivan hace años en aquellos lugares donde residían en general con su familia de origen a los dieciocho años. Quizás porque votamos cada cinco años y no es tan engorroso volver aun cuando actualmente quede a trasmano. Lo cierto es que yo creo que hay algo de una treta del corazón en esta decisión de permanecer. Durante los días de votación se escuchan relatos de encuentros con antiguos amigos o amores de la adolescencia, se recorren lugares que nos pertenecieron en esos momentos de la vida, se activa la memoria afectiva y de alguna manera volvemos a vibrar. Me encanta escuchar las sorpresas y los relatos de los que vuelven a los centros educativos a los que concurrían de niños o adolescentes, y se emocionan, o sacan fotos en lugares especiales y recuerdan. Galeano nos enseñó que la etimología del verbo recordar es “volver a pasar por el corazón”.
Consuelo y esperanza:
Muchos relataron que su ingreso al cuarto secreto fue como un ingreso al Hades, por el caos de listas mal acomodadas y superpuestas. Otros declaraban haber encontrado listas rotas intencionalmente e incluso hasta algunos dijeron haber visto listas en las volquetas de los residuos en plena calle. Lo cierto es que, más allá de algunos malintencionados o escasamente tolerantes, siempre prevalece la alegría del encuentro. Presencié la felicidad de delegados de distintos partidos abrazándose y tomándose fotos juntos. Casi todos ellos jóvenes.
Pura democracia y alegría:
Esa es la expresión que me sale cuando recuerdo que en mi país hay circuitos en localidades en las que se abre una escuela rural cerrada hace tres años para que voten dieciocho personas, como en Carpintería, Tacuarembó. O la alegría de los habitantes de Santa Teresa en Florida, que agasajaron a los integrantes de las mesas receptoras de votos con chorizos y pastelitos. Maravillas de una democracia instalada más allá de los resultados, aunque a los mismos hay que prestarles atención porque viene duro el camino para los que queremos un país en clave de derechos.