Al respecto, se destaca que es necesario y urgente que los gobiernos adopten medidas para ayudar a reducir las vulnerabilidades de la deuda y revertir las tendencias a largo plazo. Pero, ¿cómo puede darse en un contexto de mayores dificultades y con tasas que se mantienen altas, a la vez que existen mayores esfuerzos necesarios para los desafíos que impone la realidad climática y la necesidad de logros de equilibrios macro que atiendan las vulnerabilidades en un contexto más hostil?
Al respecto, Rodrik destaca que “los países de bajos ingresos se encuentran en medio de una crisis de liquidez que no sólo está socavando su desarrollo económico, sino que también está profundizando la crisis climática global. Cuanto más presente se tiene la necesidad de medidas coherentes con la necesidad de abordar los efectos climáticos, que en sí mismo son riesgos para las economías, más dificultades se vienen teniendo en los últimos tiempos. Al respecto, en 2020 y 2021 las transferencias financieras netas a África fueron cercanas a cero –su nivel más bajo en una década– a pesar de las transferencias récord de los bancos multilaterales de desarrollo”. La baja es el resultado de un conjunto de realidades donde se destaca una caída en los niveles de los préstamos del sector privado y de China, la pérdida de acceso al mercado de bonos en forma bastante generalizada de países de ingreso bajo y medio, sumado a lo que había sido la suba de los alimentos y los combustibles.
Los compromisos con la deuda externa han sido un tema de dificultades. Entre las economías de ingresos bajos y medios, pocos han podido cumplir con pagos de deudas externas y, en general, las calificaciones han sido indicadores de este deterioro. Pero lo que debería preocupar es que los requerimientos son más altos y el deterioro fiscal es enorme cuando las necesidades fiscales tienen más presiones, que van desde las propias altas tasas de interés al financiamiento para el desarrollo y el abordaje del clima.
En un contexto internacional hostil donde el discurso del desarrollo se mantiene, ¿cómo hacen las economías para afrontar dificultades y pensar en desarrollo? En este sentido se destaca que las necesidades mundiales de financiación para el desarrollo y el clima han aumentado a 1 billón de dólares al año en promedio. De esta forma, el discurso, las aspiraciones y la realidad muestran que el avance y el desarrollo del sistema financiero global está en cuestión, y ha sido un fracaso para poder atender la necesidades y cumplir sus fines. El sistema financiero internacional para el desarrollo parece tener dañada su propia legitimidad.