Se trata de grandes firmas de capital que hacen negocios financieros invirtiendo en diversidad de industrias con una búsqueda no de crecimiento de la inversión en tanto actividad económica y negocios, sino de generar resultados rápidos no concentró en el negocio en sí mismo sino en generar recursos. Aprovechan la posibilidad de la competencia desleal, las fallas de regulación y la simpatía y vínculos con gobernantes de turno. Existen importantes estudios de investigación del fenómeno, uno de los analistas a destacar es Brendan Ballou y el caso de EEUU que es extensible a latinoamérica por ejemplo. B Ballou fue fiscal federal que se desempeñó como Asesor Especial para Private Equity en la División Antimonopolio del Departamento de Justicia y ha sido uno de los referentes que mejor ha entendido el fenómeno. No son nuevos, antecedentes sobran pero cada vez son más agresivos y menos claros en su funcionamiento.
El Private Equity es un modelo de negocio que se viene reproduciendo a través de cual una firma de capital privado compra adquiere una empresa o industria nacional o local en base a un nivel de financiamiento importante. Una vez que se da el pasaje de propiedad le hace un cambio de imagen, de propuesta llevando a una general donde el centro de objetivo de resultado es el propio fondo y no el negocio en sí mismo.
El objetivo es el lucro aprovechando las condiciones o generando las mismas en su provecho. Una vez instaladas, no importan los clientes, los proveedores, los precios, solo el resultado para el fondo y todos los contratos y mecanismos están en este sentido.
De esta forma cuando vemos grandes capitales que se instalan y adquieren empresas se debe estar atento, porque van a generar una posición dominante, van a tener objetivos diferentes y los riesgos para todos son muchos además de la simple competencia por tener facilidades. Procesos del estilo o similares se están dando recientemente en la industria frigorífica por ejemplo lo que ha sido conocido por la alerta y reclamo de empresas de productores ganaderos, por las gremiales rurales del rubro y por otras industriales de escala nacional que ven con alerta un negocio que va a llevar a una realidad diferente en cuanto al sector. Sin embargo, llama la atención la poca respuesta que se ha dado de parte del Gobierno que a la vez ha tenido un claro signo de aflojar las normas vinculadas a la regulación de la competencia afectando al consumidor y a la empresa nacional y yendo en contra de las normas deseables y sobre las que hay consenso por lo menos manifiesto.
En una economía como la uruguaya donde el rubro es clave y es parte relevante de la matriz agroexportadora se debería ver conatención este proceso.