Ahora bien, para resolver este trance que se viene, la coalición no va a tener más alternativa que redireccionar recursos para satisfacer a Cabildo. Gratis no les va a salir el apoyo de Manini, porque además Manini se ha encargado de difundir que su única relación con el presidente es formal y por WhatsApp. Ni se hablan, ni discuten, ni intercambian ideas. Es un vínculo frío desde el principio que se ha transformado en helado desde que la senadora Irene Moreira debió renunciar al Ministerio de Vivienda. Guido Manini tomó esa situación como una afrenta persona y, si bien decidió no abandonar la coalición, lo decidió porque sabe que hacerlo es garantía de derrota para su proyecto, pero nada más. No los une ni el amor ni el espanto, los une una expectativa magrísima de sobrevivir las próximas elecciones como elenco gubernamental. Una esperanza o una fantasía.
Pero claro, si Manini no logra fondos para su base social más concreta, entonces deja de ser una alternativa interesante hasta para sus correligionarios. ¿Para qué lo van a votar si con bruta bancada no les consigue el mango? Es el voto inútil, algo que hace rato perciben la mayoría de las encuestas.
Por el lado del gobierno, necesitan que la rendición camine. No tanto por propósitos concretos contenidos en ella, como por dar una idea de cosa sólida. Porque si además de gobernar para los malla oro, tener sospechas de vinculación con narcos, el caso Astesiano, la reforma impopular de las jubilaciones y la ausencia clamorosa de buenos candidatos, dan la idea de que no pueden gobernar juntos y están todos peleados entre ellos, el partido electoral está para perderlo por walk over.
Si no fuera así, ni se quemarían la cabeza en las negociaciones del senado. Partirían de la base de que a Cabildo no le va a quedar otra opción que votarlos en una segunda vuelta. Pero claro, si se rompen ahora, la segunda vuelta queda muy lejos y los números de las encuestadoras más bien dan para vaticinar que llegar a ella les va a costar sangre, sudor y lágrimas.
Como sea, todo sugiere que van a buscar la forma de llenar el ojo a Cabildo y que lo harán quitándole recursos a otros incisos donde los daños ya son mayores: políticas sociales, vivienda, educación, transporte y obras públicas, etcétera. Por lo tanto, el ajuste infinito sobre estos rubros se va a seguir profundizando en perjuicio, naturalmente, de todos los uruguayos, pero muy especialmente de los más pobres. El gobierno termina de la misma forma que empezó, empobreciendo a muchos y desmantelando todo lo que puede, para satisfacer las ambiciones de su base social.