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El buque insignia más inesperado

Es desolador para cualquier persona que porte una sensibilidad de izquierda que un ministro de economía del Frente Amplio postule que el buque insignia del gobierno es una ley para mejorar la competencia de las empresas.

Sin menospreciar la importancia de racionalizar los trámites burocráticos, evitar los papeleos innecesarios y los controles y sellos redundantes, es desolador para cualquier persona que porte una sensibilidad de izquierda que un ministro de economía del Frente Amplio postule que el buque insignia del gobierno es una ley para suprimir regulaciones y trámites y mejorar la competencia de las empresas.

La emoción de Gabriel Oddone es inexplicable si es verdad que el proyecto es tal cual el anuncio: un conjunto de microrreformas administrativas. Pero habrá que ver el proyecto, porque ese discurso de que la eliminación de papeleo y la aprobación por defecto de las cosas, suena mucho al fanatismo argentino de Javier Milei y su desregulador de cabecera, Federico Sturzzeneger, que hasta ministerio de la desregulación y transformación del Estado tiene. ¿ Será por eso que lo invitaron a exponer en el Banco Central el año pasado? ¿ Es que estamos chupando línea de los libertarios ? Es lo único que falta para que esté gobierno desdibujado termine por descarrilar.

Ahora que Gabriel Oddone dice que vamos a quitar papeleo y que eso va a permitir que bajen los precios, conviene estudiar a qué se refiere, porque está claro que, sí es un proyecto de ley a gusto y piacere de los empresarios, eso suele tener gato encerrado.

Los empresarios hacen todo para mejorar la rentabilidad, bajar los costos y evadir controles, aunque después esos comportamientos terminen produciendo graves perjuicios para la sociedad. O sea, no es lo mismo querer bajar el precio de la pasta de dientes, como mencionó el ministro, que estaría muy bien, que autorizar a los empresarios a importar cualquier producto y en cualquier condición, sin que nadie del Estado controle eso. No es lo mismo regular para que el Estado dé respuesta a solicitudes y planteos que asumir que, por defecto, cualquier planteo sin respuesta es bueno.

Semejante cheque en blanco implica riesgos inaceptables. Imagínense que alguien solicite una reválida en la Universidad y la ausencia de respuesta definitiva en sesenta días, convirtiera al solicitante en ingeniero o en médico, sin que nadie chequee la equivalencia razonable de sus estudios. Es posible que muchas de las ideas que maneja Oddone para esa ley estén muy bien. Si así fuera, entonces seguramente será una mini mini reforma, porque la teoría de que en Uruguay la competencia o la inversión no florecen porque hay muchos controles es un delirio que solo sostienen - algunos pocos - empresarios. Pero incluso en el mejor escenario, el menos modesto de ellos, transformar eso en el “buque insignia” de lo que el gobierno quiere mostrar es para llorar.

La izquierda no ganó para eso y además es verdaderamente insoportable que el ministro que se la pasea haciendo gestos para la clase empresarial y la derecha, que está empecinado en el control fiscal, que juguetea con la idea de una rendición de cuentas de artículo único y gasto cero, que se opone a cualquier proyecto que se parezca a izquierda, ahora pretenda emocionarnos con un planteo de tan bajo vuelo, tan poca enjundia, y tan sospechoso. Este proyecto puede ser positivo. Hay que leerlo con cuidado, con la guardia en alto. Pero lo que seguramente no puede ser es un buque insignia.

Si el Frente Amplio no advierte que los frenteamplistas ya no entienden nada, que la insatisfacción creciente requiere otro tipo de propuestas, otras ideas y otras profundidad, me temo que aún no hemos llegado al piso y que la tirria y la decepción de la opinión pública no harán otra cosa que aumentar.

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