El gobierno tenía definida una estrategia para tomar “el centro del ring” a partir del acuerdo abreviado entre Fossati y Astesiano que, amén de enviar al susodicho a la cárcel, consagró la invulnerabilidad tribunalicia de las autoridades del Ejecutivo. La estrategia incluía todo: anuncios de rebaja de impuestos -por cierto, una devolución para las personas de mayores ingresos y nada para las amplias mayorías-, raid de entrevistas al presidente, campañas marketineras difundidas hasta el hartazgo por los medios y un reenfoque de la causa ahora orientada a imputar a sus opositores. Pero los audios de Fossati y la telenovela esperpéntica que sobrevino han dado por tierra con esa incipiente hoja de ruta y la demolición de su imagen es un hecho ya constatado por todos las encuestas de opinión pública, incluso las que la han sido habitualmente más simpáticas.
Sin embargo, cabe destacar la prácticamente nula estrategia de la oposición para manejar este escenario. Aunque es cierto que es prácticamente imposible controlar la agenda sin medios y diseñar un plan fino de acción ante un disparatario abrumador en el que de forma permanente se suceden episodios insólitos u obscenos, la izquierda no puede perder de vista que no estamos solo ante un conjunto anecdótico de situaciones escandalosas, sino ante una prueba de fuego para el sistema democrático. El caso Astesiano no es el caso Astesiano, ese es un nombre que se ajusta al principio de esta historia o a una teoría de caso completamente reduccionista e indulgente, el caso que nos importa refiere a una maquinaria corrupta en el seno de las instituciones cuyo vértice se intuye, pero no se conoce y sus ramificaciones son impresionantes y, eventualmente, todavía de alcance insospechado.
Las afirmaciones de Eduardo Preve en el programa La letra chica sobre la existencia de audios del presidente que todavía no se han divulgado, de manipulación y edición de la prueba en la carpeta fiscal, con sustracción de tramos en los chats, elevan a otro nivel la gravedad de este escándalo. Ahora sabemos que no solo la fiscal ha procedido de una manera inaceptable, no solo los que tenían que asistirla estaban todos mencionados, sino que la prueba que consta, que es solo una parte de la que debería, está manipulada y si está manipulada, está manipulada para proteger. Para proteger al poder.