Ha sido un de los rubros que se ha sabido reconvertir y que lidera los rankings de exportación, siendo el principal productor en destinos claves como lo es China.
También a lo largo de la historia ha tenido siempre las presiones de la concentración resultado de las políticas de turno, la realidad del negocio en cuanto a márgenes y escala, así como los potenciales de innovación e incorporación de tecnología que tienen las grandes empresas.
En los últimos tiempos la extranjerización y la concentración han estado presentes, la que afecta tanto a la industria cárnica nacional que viene resintiendo como a los productores, en especial a los de menor escala.
Pero estas empresas transnacionales no sólo están presentes a nivel de los frigoríficos, sino a nivel de los negocios de tierra, producción animal y en los diversos servicios y eslabones de la industria.
Tiene poder como para imponer la idea de que o compran los tres frigoríficos que les permitiría concentrar más del 40 % de la faena o no compran ninguno. Es más, el mensaje amenazador lo transmitió el propio ministro Mattos, para que no haya dudas.
Estos procesos que se describen y que pueden ser vistos como parte de los procesos de mercado, pueden ser contrarrestados a través de políticas e instituciones que regulen y marquen las reglas de juego, como pueden ser facilitados por los gobiernos de turno a través de bajar las reglas que hacen a la defensa de la competencia y otro tipo de normativa, facilitar negociados y desatender instituciones que han sido claves en la conformación y defensa sectorial a través de regulación de acuerdos, fijación de contratos, definición de estrategias.
Algunos ejemplos claves han sido la ausencia en estos últimos tiempos del Instituto Nacional de Carnes, el Instituto Nacional de la Leche, la baja de recursos al INIA, entre muchos otros ejemplos.
Tal vez sea olvido, negligencia, falta de rumbo o, tal vez, ser el gobierno de los intereses de los grandes grupos económicos.
Estamos ante la presencia del nuevo herrerismo que sin dudas se ha ido forjando con el paso del tiempo y que hoy responde a los grupos de mayor poder que ya no son ni el latifundista rural que vive en Carrasco ni la clase alta nacional. Se trata de un grupo que está en el Gobierno que es funcional a los intereses de turno, así lo vemos en los más diversos negociados, recortando regulaciones y facilitando de las más diversas formas a grandes Fondos de Inversión y negociados de todo tipo hacer negocios que no tienen nada que ver con intereses nacionales de ningún tipo. La falta de rumbo que se maneja, es falta de rumbo con los intereses del país. Esto que hasta ahora podría dar lugar a discusión ha quedado más que claro con el proceso que se está viviendo de la industria cárnica, donde el modo de operar del Gobierno es el mismo de siempre: ausencia, ninguna declaración y parece que el tema no existe.
La voz de Minerva sí se ha escuchado en pautas publicitarias millonarias, publicadas en los grandes medios en donde Minerva Foods se pinta como la madre Teresa de Calcuta.
Según su relato publicitario, Minerva ayuda a los niños, les da de comer, recicla alimentos, aporta a la escuela pública, fomenta el deporte, son aliados de los productores, de sus familias y de los trabajadores.
En los últimos meses no ha sido un tema solamente planteado por los sindicatos de la industria frigorífica, o por los grupos políticos de la oposición, sino que ha sido un tema que ha sido más que planteado y argumentado por dirigentes de las asociaciones empresariales más tradicionales, alertando de los enormes riesgos que tiene para el sector y el país los niveles y tipos de concentración en un proceso de deterioro regulatorio que se viene dando.
La industria cárnica y toda la producción agropecuaria no la tienen fácil, la cotización del dólar, el precio de los insumos, los costos internos, los fletes y la inestabilidad de los mercados y de la geopolítica mundial hacen que todos los sectores involucrados, y en general todo el país, veamos el futuro con incertidumbre y preocupación.
Los productores y los trabajadores de la industria cárnica han alertado sobre su convicción de que las concentraciones y los monopolios no traen nada bueno.
La presidencia de Luis lacalle Pou no sólo se va a concretar como uno de los más corruptos que ha tenido el país con negocios con el narcotráfico entregando pasaportes y facilitando cualquier tipo de negociación; también va a ser el que usó el Estado para proteger a un violador de menores, el que trajo el peor atraso cambiario del país que determinó la pérdida de competitividad y sus consecuencias a nivel de todos los sectores exportadores, pero también el que facilitó la venta del país a capitales internacionales terminando con parte importante del empresariado nacional. Si se siguen facilitando y generando ausencias de regulación, en flexibilizaciones que se dan en lo laboral y en todos los planos que hacen a la producción, comercialización y acuerdos de fijación de precios se deja librado a bajar todo poder de negociación y garantías de trabajadores, empresas nacionales, productores uruguayos de todas las escalas. De esta forma los intereses que van a dominar la producción uruguaya van a ser de Fondos que no tienen cara, no tienen referencia y sus intereses son los resultados financieros de corto plazo para nutrir a un negocio que no tiene materialidad. Es la verdadera venta del país sin ningún sentido de clase ni de política partidaria, ni de soberanía uruguaya. ¿Qué país nos va dejar el herrerismo?
Me temo que, de concretarse la compra de estos tres frigoríficos, el productor perderá los estímulos para producir ganado de alta calidad porque la industria concentrada regulará los precios a pagar, lo que significará menor ganancia para el productor.
Esa maravilla que nos promete Mattos no es el paraíso terrenal, la inversión de las grandes trasnacionales globales en nuestro país no es la tal maravilla para la producción nacional, ni para los productores, ni para los trabajadores, ni para la diversificación productiva. Por supuesto, ni para los niños que reciben las dádivas de la transnacional, ni la frutas y verduras que rescatan del desperdicio y donan a los comedores, ni los espejitos de colores ni qué ocho cuartos.
Inversiones extranjeras sí, pero también control, regulación, equilibrios y, sobre todo, soberanía.
En la carne, en el agro, en la industria forestal, en la banca, en el puerto, en las telecomunicaciones, en el comercio.