Esta operación desmesurada y absurda, además, se le volvió en contra y le costó el cargo al actual director General del Ministerio, Luis Calabria. Como le podría costar el cargo a toda la plana mayor de esa secretaría, porque todos seguramente se atendieron en el Policial, comenzando por el propio ministro, que no sólo se hisopó, pues, por lo que sabemos, fue la propia directora del laboratorio a hisoparlo por orden de la dirección y luego recibió seguimiento telefónico al haberle dado la PCR positiva.
¿Qué buscan con esta estrategia de enchastre? Que la gente confunda la jerarquía de las cosas, que la gente desvíe su atención de la escalada de homicidios cada vez más cruentos y del escándalo internacional del pasaporte entregado en mano al narcotraficante Sebastián Marset, sospechado e investigado en varios países por delitos gravísimos que incluyen tráfico de toneladas de cocaína, lavado de dinero y hasta el asesinato del fiscal paraguayo que lo investigaba.
El presidente tiene que parar con esto, porque es impresentable lo que están haciendo, pero todos sabemos que no va a pararlo, porque se cae de maduro que también el presidente forma parte de esta estrategia, si es que no es él mismo quien la comanda.
Uruguay atraviesa una situación más dramática de lo que esperábamos. El narco penetró el país y ya no solo no estamos fuera del mapa de los grandes cárteles, sino que están operando en nuestro territorio con creciente poder y creciente violencia, y posiblemente tengan ya contactos importantes con fuerzas de seguridad, con estudios contables, con otros delincuentes y con la política.
Mientras todo eso acaece al frente de nuestros ojos, el gobierno se empeña en desacreditar opositores, en dirigir las baterías del Estado a la persecución política y no tiene ni por asomo un plan para desactivar esta bomba de criminalidad que amenaza la convivencia, la vida y a las propias instituciones. El daño que están haciéndole a nuestro país es inestimable todavía, pero sus consecuencias se van a proyectar por mucho tiempo. Les queda la mitad de su gobierno y no tengo ninguna clase de optimismo sobre la posibilidad de recapaciten. ¿Cómo dejarán Uruguay cuando les toque el tiempo de marcharse?