Esta aventura de gestión sin nada de negociación y con mucho de ánimo de revancha no le va a producir nada bueno ni a la política ni al país, y mucho menos en un contexto de emergencia sanitaria, caída de la actividad económica, aumento del desempleo y de la pobreza y deterioro general de los indicadores sociales. Pero aparentemente ese es el juego que se ha decidido jugar desde el Ejecutivo y su bancada parlamentaria, preocupada en el día a día por el impulso de la ideología del “auditorismo” y la construcción de un relato sobre el pasado reciente y la herencia recibida para sostenerse ya no por lo que hagan, sino por su antagonismo con lo que se habría hecho antes.
La estrategia de tensionar permanentemente con la oposición, de “tirar de la piola”, como le llama Yamandú Orsi, a prepo y casi siempre sin argumentos sólidos, puede, en lo inmediato, producir cierto abroquelamiento del oficialismo en torno a la ilusión de gobernar como opositores de la oposición, sin que tomen estado público los destrozos que están propiciando, pero a mediano plazo se van a golpear con la realidad social del descontento, como correctamente anticipa el senador Astori en declaraciones recogidas por Búsqueda, y en ese justo momento del futuro, toda la bronca que están sembrando se les va a volver en contra, porque les va a costar encontrar interlocutores dispuestos al diálogo y a la coincidencia si se pasaron todo el tránsito de su gobierno atacando, estigmatizando y persiguiendo opositores, montando operaciones de prensa, vistiéndose con ropajes ajenos y desconociendo todos los logros de sus predecesores.
No está claro que el gobierno pueda, a esta altura, tras la Ley de Urgente Consideración y esta ley de Presupuesto, barajar y dar de nuevo. Eligió un camino de confrontación y prepotencia que hizo y que hará mucho daño. Se vienen años duros para la gente, de mal vivir y de mucho conflicto.