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Columna destacada

El Óscar y cuando el feminismo se va al carajo

Por Enrique Ortega Salinas

La lucha de millares de mujeres y hombres para combatir la discriminación y el machismo no solo ha sido digna y justa, sino también heroica. Sin embargo, hemos notado en los últimos tiempos una distorsión radical que ha desprestigiado tan noble causa; lo cual ha llevado a muchas mujeres, que nada tienen de sumisas o conservadoras, a apartarse de las organizaciones respectivas e, incluso, a negar el voto a candidatas a legisladoras que usaron la situación de sus congéneres para adquirir poder.

Es indiscutible que, desde que el mundo es mundo, las mujeres y personas gays o no blancas han sido discriminadas y hasta esclavizadas de manera infame y cruel, como también es cierto que hemos avanzado mucho social, política y legalmente para revertir la situación. Hoy en día, y a la hora de buscar candidatos, tener una de esas condiciones, lejos de ser un punto en contra, es un punto a favor, lo cual es un verdadero disparate antidemocrático, ya que a quienes nos van a representar, o administrar ciudades o países, hay que elegirles por su capacidad, trayectoria, honestidad y propuestas, dejando de lado su sexo, sexualidad o color de la piel. Consecuente con ello, no tuve problemas en votar a la arquitecta Mirtha Machado como candidata a la Intendencia de Maldonado, allá por los 90, y a Constanza Moreira a la presidencia, aunque luego abandoné Casa Grande por diferencias que planteo en esta nota y, en las últimas elecciones, opté por Oscar Andrade. Discrepo con la ley de cuotas, que me impediría votar a tres mujeres en línea, si esa fuera la mejor opción, o a tres hombres.

La discriminación no se combate estableciendo cuotas, sino con educación. En cuanto al machismo, lo detesto desde lo más profundo; pero me alarma ver que el feminismo radical es lo que mejor alimenta a aquel.

Las feministas radicales tienen un poder tal que la mayoría de los políticos les temen y les aprueban lo que sea, incluyendo normas inconstitucionales; todo para no perder su respaldo electoral o por miedo a ser tildados de machistas. Están tan enceguecidas que ni siquiera se toman un segundo para analizar por qué ni las mismas mujeres las votan. No hablo de votantes que aun creen que el hombre debe ejercer la autoridad en el hogar ni de las que creen en la estupidez de que la mujer fue creada a partir de la costilla de un hombre ni de las que creen en las enseñanzas machistas y enfermizas de Pablo en la Biblia. No hablo de aquellas que cuando se enteran de que una amiga fue vapuleada por el marido susurran de manera cómplice “por algo habrá sido”. No. Hablo de mujeres dignas e inteligentes que les dieron la espalda a quienes las representaron mal, y por representar mal me refiero, a modo de ejemplo, a negarse a votar la ley de tenencia compartida de los hijos tras una separación, o a quienes, cada vez que reciben una crítica a sus propuestas o ideas, se quejan diciendo “me critican por ser mujer”. Esa muletilla tiene cansadas a personas de ambos sexos.

Hace un tiempo, una de mis seguidoras en Facebook dijo una barbaridad que le mereció centenares de críticas, tanto de hombres como de mujeres. Tras quedarse sin argumentos para sostener su postura, terminó diciendo: “Me critican porque soy mujer”. Alguien le contestó: “No, mi amor… Te criticamos porque sos tarada”.

 El “lenguaje inclusivo” ha cruzado los límites de lo racional para sobrepasar los umbrales de la estupidez, como cuando se propone incorporar la vocal e; o sea, ya no alcanza con abandonar generalizaciones como “los niños” y decir “los niños y las niñas”, “vecinos y vecinas”, sino que pretenden que digamos “les niñes” y “les vecines”. ¿Qué sigue? ¿Periodistes y policíes? Ya basta.

Hay mucho de hipocresía en varias feministas; porque si las mujeres realmente lo hubieran querido, solo con el voto femenino Constanza hubiera sido presidente en 2010, Lucía intendente y Carolina presidente en 2020. Les pido aquí a los correctores de la revista que no modifiquen las palabras referidas a tales cargos; porque ente es un sufijo que se refiere a “la persona que ejerce”, de tal manera que quien ejerce la presidencia o intendencia será presidente o intendente, independientemente de que sea hombre o mujer. La Real Academia Española acepta estos términos (¿o tendré que decir “términas”) finalizados en la letra a; pero es un hecho que se discute aún hoy en varios foros. Si la letra a es femenina, un cineasta tendría que ser llamado cineasto, un periodista sería periodisto y… y para qué seguir.

El Óscar y la victimización

Tras ver las películas Jocker y Érase una vez en Hollywood como le comenté a varias personas que ambas películas competirían por el Óscar en las categorías mejor película y mejor guion original, agregando que Joaquín Phoenix (Jocker) se llevaría el Óscar a mejor actor y que solo Leonardo Di Caprio ( Érase una vez en Hollywood) podría competir con él. Por su parte, Brad Pitt ganaría por destrozo el de mejor actor secundario. A pocos días de la ceremonia de Los Ángeles, parece que todo va por el rumbo pronosticado, ya que la primera película tiene 11 nominaciones y la segunda cuenta con 10.

El hecho es que la polémica ya está instalada, debido a la ausencia de mujeres nominadas a la mejor dirección, o de personas negras (no me gusta el término afrodescendiente, por considerar que termina de reconocer como insulto al que utilizo) a la mejor actuación. Quienes se quejan, lamentan que Greta Gerwing no fuera considerada como mejor directora por Mujercitas, pese a que sí está nominada a mejor película, junto a 1917, Contra lo imposible, El irlandés, Jojo Rabbit, Historia de un matrimonio, Había una vez en Hollywood y Joker, siendo favoritas las dos últimas.

Los quejosos también afirman que es discriminación racial el hecho de que todos los nominados son blancos, salvo el caso de Cynthia Erivo, nominada a mejor actriz por Harriet, la cual deberá competir contra Saoirse Ronan ( Mujercitas), Scarlett Johansson ( Historia de un matrimonio), Charlize Theron ( El escándalo) y Renée Zellweger ( Judy), siendo favorita esta última.

Lo cierto es que las nominaciones son enviadas por 9.000 personas que integran la Academia, entre las cuales hay mujeres y personas negras. Por lo menos este año, no se trata de discriminación. Sencillamente, ninguna mujer y ninguna persona negra (no me hagan decir “persona de color”, por favor…) estuvo a la altura de directores como Scorsese (El irlandés), Tarantino ( Érase una vez en Hollywood), Sam Méndez ( 1917) o Todd Phillips ( Joker). Phoenix (que fuera emperador en Gladiador) realizó una interpretación para aplaudir de pie; Di Caprio está impresionante como un actor en declive y Pitt se come Érase una vez en Hollywood con un carisma sorprendente.

¿Qué se pretende? ¿Que por cortesía racial se le diera un Óscar a una persona negra solo por temor a que se acusara a la Academia de discriminación? Chris Beachum, del sitio web que sigue los premios Gold Derby, expresó que la Academia “quiere elegir a los mejores, pero también quiere mostrarse sensible con las mujeres y las minorías”. No mames, Chris. Hay que elegir a los mejores y punto; sin considerar si son hombres o mujeres, blancos o negros, homosexuales o heterosexuales. Jennifer López y Eddie Murphy no quedaron fuera de los premios por su sexo o color de piel, sino porque no lograron impresionar a más personas entre los 9.000 votantes.

Recordemos que Morgan Freeman ganó la estatuilla en 2005 por Million Dollar Baby y que recibió otras nominaciones por sus actuaciones en El reportero de la calle (1987), el bodrio Paseando a Miss Daisy (1989), Cadena perpetua (1994) e Invictus (2009)… y, hasta donde sé, no es blanco. Por la alfombra roja han pasado personas de todos los colores, sexos y sexualidades.

Nadie discute que Estados Unidos es racista ni que el machismo todavía subsiste, pero achacar todo a la discriminación termina quitándole seriedad a una causa justa.

 Luchemos con alma y vida contra cosas tan degradantes como el machismo, el racismo y el clasismo (odio y abuso de la clase alta contra las clases económicamente inferiores); pero hagámoslo en serio y no caigamos en las trampas de quienes usan la victimización como estrategia.

 No soy feminista ni machista; soy igualitario. ¿Tan difícil es entenderlo?


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