La ignorancia fatua, irrespetuosa y acrítica
El maestro Tabárez fue jugador de fútbol de primera división (Racing) y preseleccionado uruguayo. Antes de ser entrenador, estudiando para maestro primario, aprendió pedagogía y didáctica, lo que le dará gran ventaja para su futura tarea docente en grupos y equipos. Fue técnico campeón nacional uruguayo en Peñarol, y argentino en Boca. Dirigió en Italia en los clubes Cagliari y Milan. Fue campeón sudamericano con Uruguay, con quien recuperó clasificación mundialista y hasta obtuvo podio en Sudáfrica. Recordman mundial de permanencia al frente de selecciones nacionales.
Cambió la estructura, el tipo humano, el espíritu de trabajo y el trabajo de futbolistas juveniles y mayores, con buenos resultados. Tiene biblioteca, videoteca, archivos y ahora información digital sobre jugadores uruguayos desde su adolescencia, uruguayos en el exterior, y filmes de equipos, jugadores y entrenamientos de todo el mundo por años. Posee biblioteca psicosocial sobre liderazgo y conducción de grupos.
Aconsejarlo sobre un cambio, sin emparejarlo en todo eso, es ‘cantarle a Gardel’. Es un atrevimiento irrespetuoso, acrítico y fatuo, irresponsable. Buena parte de la culpa la tienen los medios de comunicación y la prensa, que alcahueteando cholulos les da espacio escrito, micrófonos y pantallas a quienes no saben nada, para llenar gratis con ellos los espacios por los que ellos sí ganan. Pero los que no saben, y saben que no saben de aquello sobre lo que se les consulta, pasan a creérsela cuando otros ignorantes -pero vivillos- computan esas ignorancias y pasan a llamarlas ‘opinión pública’, luego base de ratings y pautas publicitarias.
Los ‘likes’ y visitas en las redes sociales consolidan el empoderamiento y entronización de la ignorancia, vox pópuli, como vox dei, del soberano con viento en la camiseta. Y así vamos. No sé para qué la gente contribuye con sus impuestos para el sistema educativo, cuando luego descalificará a todos los especialistas que estudiaron e hicieron experiencia porque divergen respecto de su ignorancia instalada.
Si los que estudiaron años algo e hicieron experiencia en ello opinaran lo mismo sobre esas cosas que los que no estudiaron nada al respecto, habría que cerrar escuelas, liceos y universidades; no valdría la pena financiarlas. Parece que pecan de orgullosos y soberbios los especialistas, pero al menos saben, estudiaron e hicieron experiencia; ni cerca de lo orgullosos y soberbios que son los que afirman y critican a los gritos, sin siquiera saber, a los que saben. Ignorantes, acríticos, atrevidos, fatuos.
Lamentemos que un meticuloso VAR vio una vez a Cavani, una a Suárez, y una a Arrascaeta, los tres fuera de juego por unos pocos centímetros, seguramente menos de veinte, incluso sin contar con las ‘tomas’ de Lugano. Por acá, desde esta columna, seguimos siendo fervientes defensores del VAR, aun con imperfecciones perfectibles, que el sábado pasado en Bahía nos tocaron en contra. Y lamentemos también la injusta desgracia sufrida por alguien como Suárez, que quiere como nadie, que se mata por estar con la celeste como nadie, y que erró el penal que definió la clasificación para Perú.
Uruguay no mereció perder. Atacó como siempre se le pidió que atacara. Creó ocasiones que marró y le salvaron goles. Perú jugó más a la uruguaya que a la peruana contra Uruguay. Es claro que los merecimientos no ganan partidos, los ganan los goles en juego o en definiciones especiales. Pero tampoco olvidemos que los merecimientos aumentan la probabilidad, en general, de hacer goles. El fútbol uruguayo está en buen camino luego de una circunvolución amplia y dura.
Las difíciles internas
Una votación del 39% del padrón electoral en las internas, la mitad del voto en las elecciones nacionales, revela que los altos porcentajes de participación se deben a la obligatoriedad del sufragio, tanto como al interés en esta primera forma elemental de la participación política, y descontado el interés deportivo en la política. Los porcentajes de voto a los partidos a cuyo interior se votaban candidatos no pueden trasladarse a las votaciones de octubre y mucho menos a la de noviembre.
La gente depende de sus obligaciones o pasatiempos alternativos, y también de la lluvia, el viento, el frío y la locomoción. También influye la importancia que se le dé al voto para dirimir internas y apuntan a la formulación de fórmulas electorales futuras. En definitiva, son pulseadas internas para militantes embanderados, no tanto para los electores independientes o para los desmotivados de la contienda.
Los partidos sin militancia y sin decisión sobre candidatos en la interna atraen menos el voto que aquellos en que hay lucha interna, de antes o prospectiva. En ellos, el voto facultativo es testimonial, militante, en grupos políticos que no tienen por qué serlo, ideológica o temáticamente. Pero pueden serlo, como el PERI, el Verde, o Cabildo Abierto. Sorprendió el nivel de voto a Cabildo Abierto: es claro que es militante, ideológico, debe encarnar lo más derechista, conservador, miliquero y furioso del espectro; ninguno con problemas de locomoción, por supuesto. No creo que crezca para octubre, pero pueden recaudar cierto ‘bandwagon effect’ de ganancia del carro ganador.
En el Frente Amplio, la largamente preparada y consensuada candidatura de Martínez mantuvo su efecto con el tiempo, y la efectiva embestida final de Andrade no pudo con una segura vicecandidatura de Cosse, siendo perjudicado Bergara con todos esos avatares. De más está insistir en que nunca estuvo tan en peligro la reelección del Frente. Está pagando alto precio a los peores defectos de su trayectoria gubernamental: su centrificación obsoleta, y su trágico olvido de Gramsci y de la cultura política de la sociedad civil como cimiento del poder político ideológicamente sustentado.
Sorprendió el empujón final de Talvi, que así lo deseaba y consiguió. Sanguinetti recibió el mensaje de que ha ganado ya sus garbancitos y que debe retirarse a cuarteles de invierno en la actividad política, sin perjuicio de que su actividad como comentarista político aún tiene paño por cortar.
En el Partido Nacional, con esos tiempos políticos y culturales, ni David Copperfield, Mandrake, Pildorita y todos los magos de cumpleaños juntos podían, junto a especialistas y billeteras abultadas, ubicar a Sartori por encima de Lacalle Pou en seis meses de tiempo político uruguayo. Ni el más ‘aceitado’ de los comentaristas pudo imponer esa imposibilidad científica, que adelantamos en diciembre en Caras y Caretas.
Con los datos definitivos, y las desagregaciones por agrupaciones y localidades, podremos hilar más fino. Hasta entonces.