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Alberto Grille: "Siempre hay que seguir"

A los 80 años, Alberto Grille repasa una vida atravesada por el periodismo, la militancia, el exilio y la persecución, y cuenta la historia de Caras y Caretas.

Allberto Grille ha sido el editor de Caras y Caretas desde aquel 3 de agosto de 2001 en que el primer número llegó a los quioscos. Veinticinco años después, la revista vive su aniversario y sigue allí, convertida en un proyecto que trascendió el papel y que hoy se expresa también a través de un portal web, el streaming, las redes sociales y una comunidad de lectores, oyentes y espectadores.

Pero la historia de Grille y la de Caras y Caretas no comenzaron hace 25 años. La relación con la prensa gráfica viene de mucho antes, casi desde la adolescencia. A los doce años, cuando cursaba primero de secundaria, participó en la ocupación del Liceo Miranda durante las movilizaciones que reclamaban la aprobación de la Ley Orgánica de la Universidad. Poco después empezó a editar, junto a otros compañeros, un pequeño periódico mimeografiado.

Alberto Grille y la prensa

Desde entonces, la prensa estuvo presente en buena parte de su vida. Pasó por distintos medios y experiencias: editó publicaciones estudiantiles, participó en la prensa de la FEUU, hizo la primera edición clandestina de Liberarce, fue gerente de Marketing del diario La República y director de CX30 La Radio. En el camino también hubo casi diez años de exilio, una estadía en Cuba y dos años de clandestinidad en Buenos Aires.

En febrero de 1976 fue detenido y torturado en el Departamento 5 de Inteligencia de la Policía. Procesado por la Justicia Militar, cuatro meses después se fugó del Cilindro junto a otros tres presos y se asiló con su compañera y sus dos hijos en la Embajada de Venezuela. Allí permanecieron algunas semanas antes del secuestro de María Elena Quinteros.

A los 80 años, Grille mira hacia atrás desde la experiencia de una vida atravesada por la militancia, el periodismo, las persecuciones, los exilios, las imprentas y, finalmente, por la persistencia de un medio de comunicación que acaba de cumplir un cuarto de siglo.

La historia de Caras y Caretas es, en buena medida, otra forma de contar esa trayectoria: la de alguien que, como él mismo dice, ha pasado buena parte de su vida “fundando y fundiendo medios de prensa” y que, pese a todos los obstáculos, consiguió que esta revista saliera todos los viernes durante 25 años.

Has atravesado circunstancias muy diferentes a lo largo de tu vida. Si miras todo ese recorrido, ¿qué significa hoy llegar a los 25 años de Caras y Caretas?

Es la última y tal vez la única proeza. Siempre me apasionó la prensa gráfica. Recuerdo que en el liceo editábamos con un grupo de compañeros un pequeño diarito a mimeógrafo Lo hacíamos en la casa de Nora Castro en la calle Luis P. Lenguas, en el barrio de la Aguada, lo imprimíamos en la vereda de enfrente, en el Sindicato de la Madera y lo distribuíamos en la puerta del Liceo hasta que el director Manuel Pereyra se impresionó con nuestra tenacidad y nos dejó distribuirlo dentro del liceo.

Después, en la facultad, hacíamos un diario de la agrupación que se llamaba Granma, en homenaje al barco en el que desembarcaron en Cuba los guerrilleros de Fidel, luego editamos el Estudiante Libre, el periódico de la Asociación de estudiantes de Medicina que tenía una larga historia, en la FEUU colaboraba en editar Jornada, en la Juventud Comunista hice la primera edición de Liberarce el periódico de la clandestinidad y así seguí fundando y fundiendo medios de prensa hasta que hoy logramos con Caras y Caretas que llegara a cumplir 25 años sin que dejara de venderse un solo viernes en más de 1200 fines de semana.

Me gustaban las imprentas. Cuando con un grupo de estudiantes extranjeros hicimos el postgrado de Salud Pública en el Instituto de Desarrollo de la Salud de la Habana, nos hicieron un recorrido inicial para ver las instalaciones.

Caminando por los salones comenté con los compañeros que ahí había olor a imprenta. Arantxa, una compañera vasca, me miró como si estuviera delirando y se río bastante con mi ocurrencia. Yo seguí olfateando el olor a tientas hasta que abriendo una puerta me encontré una máquina offset de cuatro colores con la que con los meses terminé imprimiendo un afiche por la libertad de Seregni.

Me imagino que para tí que sos un periodista multinacional que has trabajado en diarios de Argentina, Panamá y Uruguay no será sorpresa que las imprentas se huelen, pero para los lectores tal vez sea una novedad la existencia del olor a tinta.

El aniversario de la revista

Después de tantas experiencias anteriores, ¿en algún momento imaginaste que Caras y Caretas podía llegar a cumplir 25 años?

Para una revista en Uruguay es mucho. Es más que lo que duraron Mundo Uruguayo, Posdata, Tres, Peloduro o Guambia, que son las revistas más recordadas. Cuando editamos la primera edición de Caras y Caretas ni el más optimista creía que el objeto de nuestro propósito duraría más que los tres meses que teníamos para pagar la imprenta. Es más, cuando invitábamos a participar de este emprendimiento a un periodista le decíamos que no se ilusionara y que no dejara ningún otro trabajo porque este era efímero.

25 años después aún no somos completamente conscientes de que sobrevivir a todos los inconvenientes y obstáculos que hemos sobrellevado en este medio siglo es lo más parecido a una hazaña que se puede esperar haciendo un medio de comunicación.

¿Estás conforme con lo que han logrado con Caras y Caretas en estos 25 años?

No tanto. Hay períodos en que creo que hemos sido muy buenos. Hay años que la revista ha sido, en mi opinión, excelente, todo lo bueno que era posible hacer en Uruguay y con los recursos que disponíamos.

A veces se nos fue la mano y generamos más gastos que ingresos hasta que tambaleamos. Hoy somos lo mejor que podemos.

No somos ajenos a la crisis de la industria gráfica y de la lectura en papel. Hemos ampliado el universo de lectores produciendo un portal web y eso ha hecho que se multiplique por 100 los lectores, pero como buen viejo sigo añorando aquellos tiempos en que leíamos artículos de 20.000 caracteres, notas de análisis, investigaciones muy documentadas, ensayos muy contextualizados.

Hoy ni quioscos hay y quedamos contentos cuando el lector se detiene en una nota 27 segundos. Nos alegra pero no nos la podemos creer.

¿Hay motivos para estar felices y celebrar?

No tanto. Quiero creer que hemos sido íntegros en lo que nos habíamos propuesto y sobre todo a lo que hemos querido mantener: fidelidad a las ideas, a la independencia, a la tolerancia con las divergencias, a la audacia para decir lo que otros desean ocultar, a un sutil sentido del humor, cierta irreverencia, nuestra inflexible disposición y oportunidad para la crítica y a una conducta adecuada, respetuosa y civilizada con el adversario.

La mirada de Caras y Caretas

Desde el comienzo asumieron el desafío de construir una voz diferente a la de los medios dominantes. ¿Qué significó sostener una mirada disonante durante 25 años?

Sabíamos desde que nos lanzamos en esta empresa que el enemigo central del periodismo es el control hegemónico de los medios y que la batalla cultural es compleja y los recursos técnicos, económicos y humanos son por demás desiguales.

Sobrevivir en estas condiciones era el primer mandato y decir lo que a algunos disgusta, descubrir, lo que está detrás del escenario, desenterrar las raíces de la mentira y develar lo que siendo falso se nos muestra como evidente era la vocación que nos impulsó desde el principio. La aventura ha resultado muy larga y el camino estaba regado de obstáculos.

Las tapas se convirtieron también en una marca de identidad de la revista. Algunas fueron polémicas, otras provocadoras y muchas quedaron en la memoria. ¿Qué buscabas cuando pensabas una tapa?

Bueno. Hay gente que las critica y dicen que son exageradas, a veces groseras y un poco “grasas”. A mí me gustan mucho y soy responsable de casi todas ellas. No quisiera parecer vanidoso pero hace unos años hicimos unos “focus groups” en Equipos Consultores y lo más recordado de la Revista eran las tapas.

Tal vez yo soy un poco “grasa” pero hay mucha gente que dice que las tapas “pegan” más en el clavo que en la herradura.

¿Qué significó para ustedes la cantidad y diversidad de gente que participó de la fiesta de cumpleaños?

La verdad que no me sorprendió. Antes festejábamos todos los años y mucha gente recuerda esos cumpleaños. Es más, en 2001 festejamos las primeras cuatro ediciones porque nos pareció bárbaro que llegáramos al primer mes.

Siempre hubo -en todos los cumpleaños- muchos amigos que nos acompañaron y algunos que quizás no se sienten tan cercanos pero que reconocen que nuestra existencia le hace bien al país, a la gente y a la democracia.

Si te referís a que nosotros nos identificamos mucho con el Frente Amplio y hubo muchos asistentes que no son frenteamplistas, no me sorprendió. Está bien que vengan a saludarnos y nos alegra mucho y sinceramente lo agradecemos.

Nos sorprende más que algunos compañeros no hayan asistido. Tal vez sea porque no gustan algunas opiniones vertidas en nuestras plataformas que no coinciden con las opiniones o las acciones de ellos.

De pronto algunos no pudieron venir y lo comprendemos pero no me parece mal advertir que si el motivo es sancionarnos o una forma de expresarnos incomodidad nos lastima un poquito.

Por lo pronto, aún lastimados, no nos sentimos presionados por estas ausencias porque siempre habrá oportunidad para abrazarnos

Esa noche nos sentimos muy acompañados por muchos amigos, muchos compañeros, muchos adversarios políticos, y muchos anunciantes. A todos ellos les agradecemos.

Caras y Caretas tiene una identidad política y editorial muy definida. ¿Cómo se vive esa identidad cuando, al mismo tiempo, se pretende ejercer un periodismo independiente y crítico?

Descubrir la verdad es una tarea difícil y oponerse a los poderes fácticos hegemónicos y concentrados ha resultado una tarea hercúlea. En ese lugar no nos sentimos incómodos. En ese sentido, al menos a mí me resulta apasionante esta suerte de periodismo que algunos llaman militante con un tono denigratorio.

Por suerte hemos encontrado compañeros para esta causa, gente dispuesta a ayudar, lectores y escuchas y televidentes cómplices, trabajadores honestos que han cumplido vocacional o profesionalmente con este mandato, avisadores que no nos han puesto condiciones, adversarios nobles y causas justas.

¿Hay nuevos proyectos en el horizonte?

Siempre hay nuevos proyectos, lo que no hay es tiempo. Máxime que, ya octogenario, estoy objetivamente más cerca de la raíz que del repollo. Todos los días tenemos novedades. Hoy me entero que firmamos el contrato para que Caras y Caretas TV con los programas de streaming que se emiten en la plataforma de Youtube, se transmitirán en ANTEL TV .

Es una gran noticia porque supone el reconocimiento del estándar de calidad y la cantidad de horas de programación semanal necesarias.

De la revista gráfica pasamos a consolidar una comunidad, desde ella pasamos a crear un portal web, del portal web al streaming, hemos cambiado el formato sin abandonar a ninguna de las plataformas anteriores, incorporando tecnología, contenidos, temática y sobre todo, creando nuevos puestos de trabajo y tejiendo alianzas estratégicas con grupos de jóvenes como el de Desembarco que incorporan temáticas y puntos de vista alternativos.

Nos entusiasma la posibilidad de disponer de nuevas tecnologías, del internet, de las redes sociales. Estas permiten que cualquier persona en cualquier lugar pueda transformarse en un medio de comunicación. Pero no podemos olvidar que tampoco estas tecnologías son neutrales y que en el equilibrio de poderes siempre estamos en desventaja.

¿Sentís que el crecimiento hacia otras plataformas permitió que Caras y Caretas dejara de ser solamente una revista para convertirse en una comunidad?

Parece evidente que ha crecido el público que sigue a Caras y Caretas en sus diferentes plataformas.

En todas ellas, Caras y Caretas, ha tenido éxito. No somos unos fenómenos pero sentimos que estamos haciendo lo que se esperaba de nosotros y lo hacemos acompañados de muchísimas personas que nos siguen, muchos colaboradores, cantidad de suscriptores y cientos de miles de lectores, televidentes y seguidores que clickean todos los días.

Me dirás que no da para tirar cohetes y tenés razón; no obstante, los 25 años que cumplimos es una buena oportunidad para repensarnos y organizarnos para próximamente, cuando yo no esté, este proyecto continúe mejorando, abordando nuevas complejidades y cumpliendo con el deber de luchar y abrir cabezas.

¿Cómo te sientes hoy, un cuarto de siglo después de aquel 3 de agosto de 2001?

Conforme y con la conciencia tranquila. Fuimos coherentes con lo que nos propusimos, sobrevivimos a infinidad de obstáculos, económicos, técnicos y humanos, lo hicimos con decoro, con respeto, teniendo en cuenta lo derechos de todos, siendo todo lo independientes que pudimos ser, resistiendo las presiones y anteponiendo los principios.

No quiero ni siquiera insinuar que fuimos o somos perfectos. Ni ahí. Somos lo que somos y obviamente somos una obra humana. Ni el Diablo ni Dios estuvieron detrás de nosotros enmendando la línea. A veces acertamos al elegir un título, una foto o una caricatura y a veces nos equivocamos. A veces nos quedamos cortos y a veces se nos fue la mano. Siempre hubo un momento para la reflexión y siempre que se nos solicitó hubo un espacio para rectificar algo o para reequilibrar lo equivocado o expresar una opinión que no compartíamos. Creo que en 20 años nunca se corrigió una sola palabra que hubiera escrito un periodista por parte de los editores o directores. Creo que en ningún medio un periodista ha sido más libre que en Caras y Caretas.

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