Primer error: instalar un califato territorial
La fortaleza y ventajas del terrorismo frente al enfrentamiento bélico clásico, y aun frente a la guerrilla como alternativa para un actor bélicamente inferior a su adversario, es, precisamente, la de no poder ser ubicable para una represión militar convencional superior en armamento.
Los fatwa de Osama bin Laden, por ejemplo, ordenaban, como parte de la yihad religiosa, que cada musulmán en el exterior infiel, se propusiera eliminar infieles motu proprio, sin necesariamente tener u organizar ninguna logística colectiva en especial. Sin dudas este es el terrorismo más específico y más difícil de contrarrestar, porque es muy difícilmente prevenible por la contrainteligencia, y porque en su eliminación siempre se terminará con muchos menos atacantes que las víctimas que éstos pueden provocar. Y es el más específicamente terrorista, justamente porque provoca terror debido a su imprevisibilidad y sadismo sumados.
Pues bien, el problema para los islámicos que están del lado de las células individuales o colectivas terroristas es el objetivo final, teológico, de la lucha, es la instalación de califatos sunitas reales, materiales, en territorios realmente existentes y de soberanía extranjera.
Doble obstáculo, entonces: la instalación y defensa de un territorio real, lo que exigiría la organización de una administración y una defensa que no podrían contra el mundo externo, problema que originó la solución terrorista y que ahora se traiciona; la yihad con finalidad de Califato fue un fin que se hizo imposible con el transcurrir del tiempo y de la asimétrica dotación militar de los sunitas respecto de sus adversarios chiitas, no tanto por la superioridad chiita, que no era ni es tal, sino porque la lucha territorializada permitía la solidaridad de naciones superordinadas militarmente, que anularían un califato ubicable y relativamente frágil, tan esforzadamente viabilizado por terrorista yihadistas.
La instalación de un califato anula los logros del terrorismo yihadista suní y perjudica el terrorismo tan efectivo, dándoles a los enemigos superiores de armamento la ocasión de ubicarlos espaciotemporalmente, de derrotarlos y de publicitar su victoria, que se convierte así en una contrapropaganda de la propaganda que el terrorismo había hecho de la imprevisibilidad e inescrupulosidad cruenta de los terroristas, atractivo para radicales, y para personalidades determinadas.
El terrorismo es básicamente un triunfo del Islam sunita radical, como terror, inubicabilidad y propaganda; el califato es básicamente un gol en contra que anula los logros del terrorismo y les permite a los derrotados por el terror mostrarse internamente en sus países y externamente en el mundo como victoriosos reales, más allá de la amenaza terrorista, menos numerosa en víctimas favorables que las víctimas del combate al califato.
La persecución e instalación territorial de un califato es un objetivo religioso obsoleto e inalcanzable que anula la novedad y éxito relativo del terrorismo. El terrorismo es una novedosa forma de la yihad tradicional, pero adaptada a los tiempos bélicos que se viven en el siglo XXI; el califato es una obsoleta finalidad que no solo será siempre inviable en el futuro mediato previsible, sino que anulará los logros y triunfos psicosociales que el terrorismo pudiera generar, y les da blasones psicosociales a sus adversarios. El terrorismo puede ser muy útil a un Islam demográficamente creciente y bélicamente inferior; pero jamás llevará a la construcción de un califato, y conspirará contra el terrorismo yihadista, y contra algunos logros psicosociales del terrorismo, que ahora sí sus adversarios pueden contrarrestar, y no con contrainteligencias intranacionales que, si exacerbadas para ubicar a sus elusivas presas, pueden ser un autoataque de escorpión.
Entonces, objetivo teológico obsoleto imposible, coránico, versus eficaz yihadismo terrorista, poscoránico. Problema insoluble para la razón instrumental, porque la razón valorativa, la emocional y la tradicional la permearían en la explicación de la conducta que se propone terrorismo y califato; Max Weber, como siempre, en el corazón da la comprensión profunda de la realidad.