(Integrantes del ultraderechista grupo Revolución Federal)
Los liberados
El fiscal Gerardo Pollicita había acusado al grupo de Revolución Federal de ser parte de “un esquema delictivo que diseñaron para imponer sus ideas y combatir las ajenas por la fuerza y el temor”. Se les imputó el delito de intimidación pública que prevé una pena de tres a ocho años de prisión “al que organizare o tomare parte de agrupaciones permanentes o transitorias que tuvieren como objeto imponer sus ideas o combatir las ajenas por la fuerza o el temor”. Además, con el agravante previsto para “quien aliente a la persecución contra una persona o grupo a causa de su raza, religión, nacionalidad o ideas políticas”.
Como se sabe, en los intercambios del grupo se mencionaba la idea de matar a CFK, a Máximo Kirchner y a Alberto Fernández. El grupo produjo hechos de violencia contra la Casa Rosada, la asunción de Sergio Massa, la de Silvina Batakis, así como agresiones contra otras figuras políticas. En la marcha de antorchas contra la Casa Rosada, con tentativa de incendio incluido, estaba presente Brenda Uliarte, protagonista del ataque a CFK.
Pese a todos estos elementos, los camaristas Bruglia, Bertuzzi y Llorens --los dos primeros trasladados ilegalmente por Mauricio Macri, en tanto que Llorens jugó de arquero en la quinta del ex mandatario-- resolvieron otorgar la libertad a los cuatro integrantes detenidos: Morel, Sosa, Guerra y Basile. Son cuatro resoluciones cortas, de cuatro páginas cada una, con dos argumentos:
* No hay peligro procesal, es decir que se fuguen o que alteren la causa judicial.
* No se han encontrado vínculos con el ataque a CFK.
Nada de profundizar la pesquisa, buscar vínculos, analizar el financiamiento. El intento de matar a la vicepresidenta queda en un lejanísimo plano y los camaristas protagonizan otro evidente recorte de la investigación.
Este martes mismo, la Cámara de Casación, que administra el edificio de Comodoro Py, con la firma de Alejandro Slokar, ordenó que se sacaran las banderas de Revolución Federal que puso un grupo en apoyo a sus integrantes. Las banderas estaban colocadas en las rejas del edificio de Retiro. Justamente Casación consideró que se trata de una organización violenta imputada por intimidación pública.