La disputa en la segunda vuelta se proyectó entre Fernando Collor, por el lado de derecha, y Lula o Brizola, por la izquierda. Brizola, como se decía en aquel momento, asustaba a la derecha, que se decantó por Collor, en gran parte un desconocido, pero supo ser “un hijo de la dictadura”.
Pero la segunda vuelta de esos comicios, entre Collor y Lula, se decidió a favor de aquel por la torpe maniobra de la edición de Globo del debate final; aun así, por una pequeña diferencia, fue un gran susto, del que la derecha nunca logrará recuperarse. A partir de ese momento, la derecha siempre tuvo como criterio de sus posiciones la búsqueda de caminos que intentaran impedir la victoria del PT.
Tras fallar la opción de Collor, se atribuye la reflexión de Roberto Marinho: “Era el último que teníamos de nuestro lado. Ahora tenemos que buscar a alguien del otro lado”. De ahí surgió la opción de FHC, en principio ubicada en el campo de la izquierda moderada, socialdemócrata, para continuar el modelo neoliberal iniciado por Collor.
FHC fue el refugio de la derecha ante el riesgo de que el PT ganara la presidencia de Brasil, lo cual no costó mucho, dado que él, imitando a la socialdemocracia europea, incorporó el modelo económico neoliberal.
Cuando se agotó esta política, sucedió lo que más temía la derecha: la posición del PT de que el problema fundamental de Brasil no es la inflación, sino las desigualdades, se impuso y Lula fue elegido en 2002. Mario Amato, entonces presidente de Fiesp, ya había hecho la amenaza en 1989, que si Lula ganaba, 80.000 empresarios huirían de Brasil.
La derecha intentó crear un clima de catástrofe para el gobierno de Lula. Como creían en el Consenso de Washington y en un pensamiento único, asumieron que un gobierno que no favoreciera el ajuste fiscal sería un desastre para Brasil y pronto el PSDB volvería a ganar las elecciones presidenciales.
Pero para su sorpresa, los gobiernos del PT favorecieron las políticas sociales, lograron reducir significativamente las desigualdades, hicieron crecer nuevamente la economía y distribuyeron los ingresos, sin desequilibrar las cuentas públicas y sin inflación.
Este éxito es fatal para la derecha, contradice todos sus dogmas, ganando un gran apoyo popular. A partir de entonces, más que nunca y definitivamente a la derecha, todo, menos el PT. Más aún que intentaron derrotar al PT con todo tipo de candidatos del PSDB – Serra (dos veces), Alckmin, Aecio – y perdieron.
Entonces se dieron cuenta de que, en condiciones democráticas, no podrían derrotar al PT. Y apelaron al golpe de 2016 y a la estrategia de lawfare, para judicializar la política, para sacar a Dilma del gobierno, a Lula de la disputa presidencial y a Haddad de la presidencia, mediante maniobras antidemocráticas. De esta forma, la derecha confirma que apela a Bolsonaro, porque es el único candidato que encuentra para la maniobra de evitar una disputa democrática. Sabe que no es liberal, ni populista, que es un aventurero, buscando el poder como sea.
La historia brasileña de las últimas décadas se explica por el éxito de los gobiernos del PT y los fantasmas que representan a la derecha, que acepta todo, menos al PT.