¿Hay “democracia plena” en Colombia? Se invita a su presidente, Iván Duque, cuyo gobierno no cumplió los acuerdos de paz; 129 excombatientes de la guerrilla desmovilizados han sido asesinados en distintas regiones, según reportan la Agencia para la Reincorporación y la Normalización y las Naciones Unidas. ¿Se respetan los derechos humanos cuando se da muerte a más de cien líderes sociales no combatientes durante el mandato de Duque o cuando se agudiza el desplazamiento de campesinos por parte de bandas paramilitares afines al partido que comanda Álvaro Uribe?
¿Hay democracia plena en Chile? El gobierno de Piñera reprimió manifestaciones que causaron más de 50 muertos y centenares de heridos, amplísimos sectores del pueblo chileno piden su renuncia, hartos de la desigualdad producto de la aplicación de un neoliberalismo concentrador de la riqueza y fomentador de la exclusión social. ¿Hay democracia plena en un país donde sigue vigente la constitución de la dictadura de Pinochet?
¿Hay democracia plena en Honduras? El gobierno de Juan Orlando Hernández es resultado de elecciones fraudulentas, su hermano y él mismo están siendo investigados por vínculos con el narcotráfico y la represión al movimiento popular es una cosa cotidiana.
¿Hay democracia plena en Haití? Allí 8 de cada 10 personas viven en la extrema pobreza, la mitad de ellos, niños y niñas. Se invita al presidente Jovenel Moïse, un empresario bananero, representante del 2% que detenta el 90% de las riquezas del país y la elección también fue producto de fraude y debió repetirse.
¿Hay democracia plena en El Salvador? Su presidente Nayib Bukele acaba de hacer entrar al Ejército al Parlamento, interviniéndolo y obligando a que las resoluciones se tomen según su voluntad y a punta de metralletas.
Podríamos seguir: Guatemala, Ecuador, Paraguay, Perú y una larga y lamentable lista.
El futuro canciller, Ernesto Talvi, dijo a la prensa que “Cuba, Nicaragua y Venezuela son regímenes totalitarios”, pero invitó a Jair Bolsonaro de Brasil, cuya elección es producto de un golpe de Estado -hoy reconocido públicamente- contra Dilma Rousseff y del encarcelamiento y proscripción de Luis Inácio Lula da Silva. Sí invitan a un presidente racista, cercano al fascismo que justifica la violencia como recurso cotidiano.
Sí invitan a Jeanine Áñez, “presidenta interina de Bolivia”, a quien nadie votó y es producto de un golpe de Estado contra Evo Morales, con la excusa de un fraude electoral que no pudieron probar. Presidenta que en nombre de dios, y con la biblia debajo del brazo, ordenó la represión del pueblo boliviano en particular de indígenas, fruto de la cual el número de muertos asciende a más de 30 y se reconocen cientos de heridos. ¿Allí también hay “democracia plena”?
La “injusticia” con Cuba
Pero de todas las “ausencias”, la que más duele en el alma es la de Cuba. Y más allá del derecho, de protocolos y de diplomacia, nosotros decimos que es una profunda y gran injusticia con un gobierno y un pueblo que ha sido fraterno y solidario en todas las horas.
No invitan a Cuba, la que contribuyó solidariamente a devolver la vista a más de 90.000 compatriotas de origen humilde con la Operación Milagro, primero operándolos en La Habana y después apoyando la creación del Hospital de Ojos José Martí.
No invitan a Cuba, la que proporcionó más de 500 becas para que jóvenes de hogares humildes del interior del país pudieran estudiar gratis en la Escuela Latinoamericana de Medicina, o en la Escuela Internacional de Educación Física o en otras carreras.
No invitan a Cuba, que fue factor fundamental para el programa “En el país de Varela, yo sí puedo”, que permitió alfabetizar a cientos de compatriotas que no sabían ni leer ni escribir.
Nos gustaría invitar a los multicolores gobernantes a que demuestren -si saben- cuántos de los miles de niños y niñas que esta noche dormirán en las calles del mundo lo harán en las calles de Cuba. Sería bueno que dieran a conocer -si saben- las cifras de las personas que no tienen para beber agua potable o de las que padecen hambre en el mundo; o de los que son forzados a crecer en el analfabetismo, o sometidos a la prostitución y esclavitud, o los que mueren de enfermedades curables y lo comparen con los habitantes cubanos, esa pequeña isla a la que que tanto temen, tanto que no la invitan. Es comprensible, no vaya a ser que sea contagioso.
Por todas estas razones sostenemos que estas exclusiones son ideológicas y que sería muy bueno que tengan el valor de reconocerlo. También sería importante, en nombre de la democracia que pregonan, que digan cuál será su política internacional, aunque ya parece que será de subordinación a Estados Unidos y a la OEA, incluyendo el apoyo a la reelección de Almagro, que ya anunciaron, en estrecha alianza con el impresentable Grupo de Lima, ese sí, ideológico puro y duro, se integren a él o no.
El presidente electo declaró el 15 de febrero: “Es una decisión personal de la cual me hago cargo, esto no es cancillería ni protocolo. Esto es mi persona, que tomó esta decisión”.
No estamos de acuerdo con esta forma de relacionamiento de un jefe de Estado; el 1° de marzo debe ser la fiesta de la democracia, no la fiesta familiar o personal de nadie.
Pero tiene razón, Dr. Lacalle: hágase cargo.