Casi de inmediato se produce el dilatado nombramiento del correligionario de Mieres, en la Dirección de Medios Públicos, Gerardo Sotelo. Yo que fui insultado y vetado de su programa, por discrepar sobre apreciaciones que hizo sobre mi padre, que consideré lesivas a su honor, obviamente seguí con atención el proceso. Comienza con una alarmante carta que, para muchos de nosotros, instauraba una suerte de censura previa. Vimos un programa de TV en que negó haber escrito lo que se le achacaba. Tomé mi tablet y la carta decía lo que al aire negaba rotundamente haber escrito.
Hace un par de días confirmó no solo que lo había escrito, sino que no había sido conveniente. Pero si lo escribió y resultó inconveniente, ¿por que insistió en decir que era conveniente y que no lo había dicho, que ni había usado el verbo “consultar” ni que ello debía hacerse previamente?
La cita dice textualmente: “Deben ser consultados con el coordinador periodístico del Secan, Jorge Gatti, antes de iniciarse el proceso de producción”. ¿No suena a censura previa? En el programa hasta profirió insultos, que no vamos a repetir, contra un periodista que opina distinto que él. ¿Tanto mal nos ha hecho la pandemia? Parecería que ha afectado más a los que no hacen cuarentena ni usan tapaboca.
Todos los días hay conferencia de prensa en Torre Ejecutiva. No solo por la pandemia, sino como la de la noche del lunes, en la que ni presidente ni gabinete guardaron distancia social ni usaron tapabocas. ¿No temen un desgaste acelerado, como el que indica la caída de imagen del presidente en las últimas encuestas?
El ministro Larrañaga dice que no se puede comparar cifras de delitos con el año pasado porque el gobierno recién asume. Al otro día dice que cayó el crimen respecto al año pasado. Más allá de que las cifras fueron desmentidas, ¿se puede comparar una situación de circulación normal con otra en que el tráfico de pobladores, según la Cámara del Transporte, llega a ubicarse en el 20% del normal? Por cierto, en esta realidad loca, loca, dicha cámara tuvo tres reuniones con el gobierno. Las tres con el secretario de la Presidencia, Delgado, y sin la presencia del ministro o el subsecretario de Transporte.
Finalmente, algo que tiene que ver con la pandemia. Ayer hablaba con mi amigo Eldridge de EEUU. Recién supe que su madre, a quien conocí mucho, había quedado huérfana a los tres días de nacer. Su madre había muerto por la gripe mal llamada “hispana” de hace un siglo. Algún ejemplo de lo que sucedió en EEUU. San Luis se puso delante de la pandemia y Filadelfia la corrió de atrás. Resultado: 10.000 muertos en Filadelfia y 620 en San Luis.
Sin embargo, en la frontera con Cuaraí, donde aumenta exponencialmente el número contagios, el gobierno ha resuelto desplegar un enorme despliegue policíaco militar que le pregunta a la gente a dónde va, pero no le impide proseguir el viaje. ¿A dónde más se puede ir desde la cabecera de un puente a punto de cruzar? Javier García, eufórico, nos dice que van a aumentar el despliegue. Ahora podrán varios decir a coro: “Puede seguir”.
Hay algo de la pandemia, creo, que les ha hecho mal a nuestros gobernantes.