En tal situación, el peor escenario para los ahorristas y el país era comenzar un proceso de liquidación de bancos que significaba también liquidar la economía nacional. Como afirmó Juanjo Ramos entonces, si fuera así, “el país se queda sin sistema financiero, ustedes sin ahorro, nosotros sin trabajo y decenas de miles de uruguayos, por la liquidación de las empresas, se quedarán sin empleos”.
No se trataba de un problema localizado en un banco que afectara a algunos miles de ahorristas y unos cientos de empleados. Todo el país se encontraba ante una crisis sistémica y bajo un efecto dominó. Para demostrarlo, el dirigente acudió a un nuevo ejemplo y se refirió a la situación de la salud: “El sistema mutual en Montevideo y FEMI en el interior tienen líneas de sobregiros exclusivamente en alguno de los cuatro bancos en cuestión, y hoy no hay ningún banco privado que le vaya a prestar plata al Casmu, a Casa de Galicia, al Círculo Católico o a cualquiera de las mutualistas del interior que conforman FEMI”. El capital de giro de la salud privada quedaría inmovilizado, no podría adquirir remedios ni pagar salarios y miles de sus afiliados tampoco podrían abonar sus cuotas. Este ejemplo podía perfectamente extenderse a todas las demás actividades económicas del país: los agricultores no tendrían crédito para sembrar, los ganaderos para reponer su ganado y los frigoríficos para pagar sus compras.
La solución planteada por AEBU implicaba que, al igual que lo implementado con el Banco República, se congelaran también los depósitos de los bancos gestionados, para que con sus activos sanos se capitalizara una nueva entidad. Transcurrido un plazo, cuando la economía del país se recobrara, los ahorristas volverían a encontrase con su dinero.
A medida que transcurría la asamblea y se tomaba conciencia de la profundidad de la crisis, se palpaba la adhesión de los asistentes, y estos materializaban su aprobación mediante aplausos.
Tras la asamblea del Salón Azul el encuentro se reiteró en el atrio municipal también repleto y -en ambos casos- los ahorristas, comerciantes industriales y clientes en general de los bancos coincidieron en apoyar la propuesta de AEBU.
En ese día histórico se demostró la fuerza y el poder de convicción que pueden alcanzar los movimientos sociales y cómo estos son capaces de marcar el rumbo cuando fallan las conducciones políticas. Como diría unos años más tarde Alejandro Atchugarry, rememorando estos hechos, “el nuestro es un gran pueblo. Yo estoy convencido de que la grandeza de un pueblo no se mide en la cantidad de bayonetas que tiene, y menos por su riqueza, sino porque en los momentos de adversidad cuida a los más débiles y tesoneramente busca su propio camino. A mi manera de ver, eso hace grande al pueblo uruguayo”.