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Avatar 2: una epopeya sobre el ambientalismo

"Avatar, el sentido del agua" es toda una parábola sobre el medio ambiente para los humanos del siglo XXI.

Más allá de la belleza de sus efectos especiales y de las críticas a su excesiva duración, en Avatar 2 hay un mensaje claro que todos deberíamos integrar.

Si hay un concepto que siempre han definido a James Cameron en sus películas es la importancia de transmitir la conciencia medioambiental. Y, en efecto, hay quien lo tacha de sentimentalista, de sermoneador y hasta de idealista. Sin embargo, nadie puede negar su maestría en ese difícil oficio de entretener al gran público mientras se intenta transmitir un mensaje.

Avatar, el sentido del agua es la primera película que James Cameron dirige después de 13 años. Durante ese periodo, las producciones con CGI (imágenes generadas por computadora) han sido una constante. Quizá, por ello, más de uno se preguntaba si el gran maestro de los efectos especiales sería capaz de sorprender al gran público al traer, ni más ni menos, que una secuela.

Y, en efecto, lo ha hecho. La película es todo un hito en la evolución de la tecnología de efectos visuales en el medio acuático. Su éxito en taquilla es innegable y cuenta con más de una papeleta para estar entre los Óscar. Ahora bien, más allá de su fascinante puesta en escena, no han faltado las voces críticas y hasta las campañas de boicot.

La historia de siempre, pero más refrescante

Avatar 2 nos devuelve de nuevo a su anterior protagonista, el infante de marina Jake Sully. El cuerpo que antes manipulaba mentalmente es ahora su único vehículo físico. Vive feliz con su pareja, Neytiri, criando a sus niños, algunos de los cuales son adoptados. Es un Na’vi más y también uno de los mejores guerreros insurgentes en la lucha contra los colonizadores.

La armonía no dura demasiado en el mundo idílico de Pandora, porque la misión colonial de la humanidad surge de nuevo para minar la paz. En su desesperado intento por sobrevivir, Jake y su familia deben dejar los bosques para unirse a otro clan. Son unos Na’vi de un color azul más claro, con aletas y que montan ictiosaurios alados. Son el pueblo del mar, ellos quienes les enseñarán el camino del agua.

En ese viaje deberán aprender otras normas, otras maneras de conectar con la naturaleza, como es establecer una relación simbiótica con una extraordinaria ballena, Tulkum. De este modo, si los bosques de Pandora ya nos parecieron una experiencia sensorial inolvidable, sumergirnos en esos suntuosos universos marinos nos eleva a otra dimensión. El camino del agua es otro Edén en el que nos encantaría vivir.

Pandora y unos colonizadores que nos sirven de espejo

En Avatar 2 nos quedamos aún más cautivados por Pandora que en la primera parte. Sus bosques bioluminiscentes, sus depredadores de seis patas, sus flores, sus criaturas marinas, la belleza de los arrecifes… El espectáculo eriza la piel y emociona, pero si hay algo que desea James Cameron con sus últimas películas es invitar a una obligada concienciación.

Esta producción es toda una epopeya al mundo natural, a esa Madre Naturaleza que en Pandora llaman Eywa. En cambio, nuestra humanidad es la auténtica enemiga de sí misma y de todos sus ecosistemas. Si hay algo que aprendemos de los Na’vi es cómo hallan siempre la conexión con la energía de su planeta para restaurar el equilibrio y la armonía. Dimensiones que nosotros hemos roto y vulnerado.

Es cierto que, de momento, aún no hemos colonizado un planeta de alienígenas azules. Sin embargo, la carrera por encontrar metales nuevos fuera de la Tierra ya está en marcha. No tenemos más que pensar en figuras como Elon Musk, Jeff Bezos o Donald Trump, que en numerosas ocasiones han hablado de la necesidad de inaugurar dicha carrera que nos convertiría en nuevos colonizadores.

Un espectáculo con firmes valores

Que Avatar 2 es un espectáculo de la tecnología nadie lo niega. Sin embargo, no tiene semejanza con las clásicas producciones del universo Marvel, donde el efectismo lo domina todo. Los Na’vi nos sirve de avatar y de espejo para ver el reflejo de nuestra propia humanidad y aquello que, sin duda, no deberíamos perder de vista.

Más allá de recuperar nuestra conexión con la naturaleza y el respecto al medio ambiente, nos habla también del amor y la familia. También del liderazgo, de la unión de los pueblos y hasta de la fortaleza de la mujer. Ronal, la líder tribal embarazada, y Neytiri son un ejemplo más de esos personajes creados por Cameron que, como la teniente Ripley o Sarah Connor, son difíciles de olvidar.

En esencia, las tres horas de duración pueden resultar excesivas para muchos. Para otros, es un viaje que se pasa en un suspiro y que nos deja con ganas de volver nuevamente a Pandora. Aunque la producción de la tercera parte de Avatar ya está en marcha.

AVATAR 2: EL CAMINO DEL AGUA Tráiler Español Latino 2 (Nuevo, 2022)

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