Con una autonomía de hasta cuatro horas, el robot puede detectar señales de cansancio o estrés y responder con palabras de apoyo. Además, aprende progresivamente sobre los hábitos y preferencias de la persona con la que convive, mejorando la interacción con el paso del tiempo.
Entre sus capacidades se encuentran mover la cabeza, los ojos y la boca para generar expresiones más naturales, recordar la toma de medicamentos, advertir sobre posibles problemas de salud e incluso sugerir opciones de vestimenta.
UBTech apunta especialmente a dos grupos, las personas que viven solas y la creciente población de adultos mayores en China, sectores que, según la empresa, presentan una elevada necesidad de compañía y apoyo emocional.
Precio de los androides
Los androides están disponibles en versiones masculina y femenina y pueden personalizarse para parecerse a un familiar, una celebridad o incluso a un personaje ficticio. Sus diseños incluyen distintas apariencias y estilos de vestimenta.
La empresa aclara, sin embargo, que no se trata de asistentes domésticos tradicionales ni de compañeros para relaciones íntimas. Los robots no cocinan, no limpian y tampoco están concebidos para funciones sexuales.
El elevado precio es otra de las barreras para su expansión. Los modelos más básicos parten de unos 12.000 dólares, mientras que las versiones más avanzadas pueden superar los 145.000 dólares.
¿Dependencia afectiva?
La llegada de estos "compañeros emocionales" también despertó críticas relacionadas con la dependencia afectiva y la privacidad de los usuarios. UBTech asegura que toda la información recopilada estará cifrada y no será utilizada para entrenar sistemas de inteligencia artificial.
China se ha convertido en el principal actor mundial en el desarrollo de robots humanoides. La robótica figura entre las industrias estratégicas del país para el período 2026-2030 y el mercado continúa creciendo a gran velocidad.
Según estimaciones de Morgan Stanley, el sector chino de robots humanoides podría mover unos 2.000 millones de dólares este año y alcanzar los 15.000 millones hacia el final de la década, impulsado por una demanda que ya no busca solo máquinas que trabajen, sino también máquinas capaces de acompañar.