“Sientes que no estás solo. Que lo que llevas dentro también lo están cargando otros. Y eso ya es un alivio”, dicen algunos de los participantes.
Aunque parezca excéntrico, la terapia del grito tiene antecedentes. En los años 70, el psicólogo Arthur Janov —quien tuvo entre sus pacientes a John Lennon— defendía que el dolor reprimido desde la infancia podía liberarse a través del grito. Hoy, en plena era de ansiedad digital, redes sociales y burnout, esa práctica vuelve con fuerza.
Y mientras el club de Chicago se vuelve viral, la pregunta se impone en cualquier ciudad del mundo, también en Uruguay. ¿Cuánto acumulamos en silencio? ¿Cuánto tragamos sin decir nada, sin soltar?
¿Y si en vez de aguantar… gritamos?
El club del grito todavía no tiene sede en Montevideo. Pero quizás no falte tanto para que a alguien se le ocurra reunir a otros al atardecer, en la rambla o cualquier otro lugar para probar lo que parece impensado y sin embargo tan necesario, gritar como forma de cuidar la salud mental.
Porque a veces, para seguir adelante, hay que empezar por liberar. Aunque sea con un grito.
Embed - Scream Club Chicago meets weekly at lakefront to blow off steam