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La cárcel como obra de arte: se encierra 72 horas para enfrentarse a su mayor miedo

Una galería puede ser muchas cosas, a veces también la celda de una cárcel. Es lo que ha sucedido en Harlesden, al noroeste de Londres.

Durante tres días, el performer Allen-Golder Carpenter ha permanecido encerrado en un cubículo de tres metros cuadrados a la vista del público, representando la celda de una cárcel aunque él no pudo ver a nadie. Una apuesta mas a una impresión de arte que experimento social.

Preso sui generis

Se trata de Cell 72: The Cost of Confinement, una instalación creada junto al artista conceptual Emmanuel Massillon para denunciar el aislamiento extremo en el sistema penitenciario estadounidense.

De hecho, en España el músico Xavibo decidió hace cosa de un mes encerrarse durante 13 días en un escaparate aislado ("aprendiendo a estar solo", señaló él) mientras se le podía ver 24 horas en un directo de YouTube. En el caso de la performance de Carpenter y Massillon, es un poco más brutal: una celda vacía, con un colchón sucio, una mesa metálica y un teléfono. Carpenter, vestido con un uniforme de preso, entró el pasado 6 de junio y pasó 72 horas dentro. No hay dramatización, ni espectáculo: solo la crudeza del encierro. El público pudo observarlo desde una sala contigua, a través de un cristal unidireccional, sin posibilidad de interacción.

Durante el confinamiento de tres días, Carpenter realizó obras con materiales rudimentarios: transformó cepillos de dientes desechables —como los que se convierten en armas improvisadas en las cárceles— en esculturas simbólicas, como relojes de arena construidos con virutas. Al terminar, el uniforme que ha vestido se incorporará a la exposición como testimonio de lo vivido.

Cell 72 también busca desmontar la romantización de la cárcel presente en ciertas narrativas culturales, desde el cine hasta la música urbana. “La prisión se ha convertido en un símbolo de estatus en algunas culturas musicales”, advierte Carpenter. “Pero para quienes la han vivido —o la temen, como nosotros— es una experiencia devastadora”. En ese sentido, la obra no solo denuncia, sino que confronta clichés populares profundamente arraigados.

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