No obstante, había ciertas excepciones: por ejemplo, se estimaba que los huskys siberianos son muy sensibles, pero los resultados de las pruebas colocaron a esta especie en el rango medio.
Además, los expertos notaron que los perros que eran menos propensos a interactuar en pruebas de reactividad emocional a veces también se calificaron con un umbral de sensibilidad más alto ante el dolor, lo que plantea la pregunta de si el nivel de estrés y la reactividad emocional de un animal en una visita al veterinario podrían influir en el índice de tolerancia para esa raza.
"Estas diferencias de comportamiento podrían explicar las distintas valoraciones de los veterinarios, pero no la tolerancia real al dolor entre razas", afirma el investigador Duncan Lascelles, veterinario de la Universidad Estatal de Carolina del Norte.
"Nuestro estudio es apasionante porque nos demuestra que existen diferencias biológicas en la sensibilidad al dolor entre razas. Ahora podemos empezar a buscar posibles causas biológicas que expliquen estas diferencias, lo que nos permitirá tratar a cada raza con mayor eficacia", enfatizó el especialista.
El hecho de que un perro actúe con nerviosismo o se muestre reticente no implica necesariamente que sea más o menos sensible al dolor. Estos hallazgos muestran que se debe pensar no solo en el dolor, sino también en la ansiedad de un canino en el entorno veterinario, resumen los expertos.