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Niveles elevados de presión arterial pueden debilitar el músculo cardíaco y así reducir la llegada de oxígeno al cerebro provocando entre otras cosas, un accidente cerebrovascular; y lo mismo ocurre con los niveles altos de lípidos como el colesterol en sangre.
Aunque la glucosa es el principal combustible de nuestro cerebro, es importante mantener sus niveles en sangre bajo control para que no resulten excesivos y dañen progresivamente las funciones del mismo alterando capacidades cognitivas.
Las personas que no descansan adecuadamente tanto en calidad como en cantidad, pueden tener mayor riesgo de sufrir demencia. Es por esto que establecer una rutina así como evitar los dispositivos electrónicos una hora antes de irse a la cama o hacer algo relajante antes de ir a dormir resulta fundamental para beneficiar el descanso y preservar la memoria.
La alimentación puede influir considerablemente en la salud del organismo, siendo clave determinados nutrientes para preservar la memoria y alejarnos de la demencia.
Así, se aconseja la ingesta de ácidos grasos omega 3, compuestos antioxidantes, vitaminas del grupo B y también de compuestos fenólicos que tienen un efecto antiinflamatorio en el organismo.
El hábito de fumar incrementa en un 30% o más el riesgo de desarrollar demencia, ya que las sustancias que componen un cigarrillo así como el humo del mismo, tienen un efecto tóxico para el cerebro.
En este sentido, puede ser de mucha ayuda abandonar el tabaquismo, ya que puede ayudar a prevenir la demencia considerablemente, según un estudio.
Las personas mayores que socializan todas las semanas tienen menos posibilidades de sufrir pérdidas de memoria, por lo que el neurólogo Milsten aconseja para liberar más serotonina y endorfinas, socializar siempre que sea posible.
El aprendizaje de nuevas habilidades adquiridas permite crear nuevas conexiones en el cerebro y por lo tanto, potencia la memoria ayudando a reducir el riesgo de demencia.