1. Planea una cena temática de bajo coste
La cena navideña es una de las tradiciones infaltables en todos los lugares en donde se celebra esta festividad. Una Navidad en crisis económica hace meritoria una cena especial. Hagamos todo el énfasis posible en la palabra “especial”. Esto significa, entre otras cosas, muy diferente a lo habitual.
Puedes comenzar por cambiar la disposición del comedor y, si es posible, trasladarlo a otro lugar de la casa. Una buena opción es hacer una cena temática, ojalá tomando como referente algo alusivo al espíritu navideño. No tienes que preparar nada costoso, sino distinto y atractivo.
Por ejemplo, si cortas las patatas de una forma peculiar, o haces figuras con los componentes de la ensalada, vas a dar esa sensación de lo nuevo y especial. Una comida corriente, aliñada de una forma poco habitual o presentada de una manera innovadora, generará ese efecto de singularidad y calidez que caracteriza a la Navidad.
2. Obsequios significativos para los que amas
Por más que pases la Navidad en crisis económica, eso no quiere decir que debas privarte de darle obsequios a las personas que amas. El punto es que en esta ocasión vas a tener que pensar en objetos más significativos, en lugar de llamativos o costosos.
¿Qué tal una carta contándole a cada uno de ellos lo importante que ha sido para ti? ¿O un breve poema en el que expreses lo que sientes? ¿O una foto olvidada con esa persona, que hable de un momento compartido que agradeces? Empaca esto de la mejor manera que puedas para que, en cuanto su destinatario lo vea, sepa que le estás dando una joya que no tiene precio.
3. Los obsequios protocolarios en Navidad
Por más que quieras librarte, es posible que no logres escapar de esos obsequios protocolarios que deben dársele a algunos compañeros de trabajo o a personas con las que tienes un vínculo estable, pero no estrictamente personal.
En ese caso, también lo simbólico sigue siendo una excelente opción. Lo mejor es que estandarices y compres un pequeño objeto, como un llavero, para todos por igual. Acompaña esto con una nota cálida que diga algo así: “mereces mucho más que este pequeño obsequio, pero esta vez solo puedo darte esto. Espero que allí puedas poner las llaves que abran las puertas del éxito, del amor y de la felicidad”.
4. Dedica tiempo a las personas importantes
Aunque en Occidente hayamos puesto énfasis en los obsequios como centro de la Navidad, lo cierto es que lo más importante de estas fechas no tiene forma material. Es fundamental que te conectes con el verdadero espíritu de los festejos.
Una buena forma de hacerlo es llamando o visitando a esas personas que son importantes para ti, pero de las que has estado alejado por alguna razón. Esos encuentros van a ser un regalo para ti mismo. Recuerda que dar, comenzando por el tiempo, es algo que enriquece.
5. Regálate un presupuesto sano
Uno de los riesgos de la Navidad en crisis económica es el de sucumbir a la tentación de endeudarte pensando que ya vendrán tiempos mejores. Ver a “todo el mundo” haciendo compras y preparativos podría desatar en ti el deseo de hacer como si nada estuviera ocurriendo.
Lo más aconsejable es que cambies la perspectiva desde el comienzo de diciembre y te prepares para festejar de otra manera. El mejor regalo que puedes darte es un presupuesto sano, que no te lleve a un estado de estrés financiero el próximo año. La consigna es: más ingenio y amor, menos compras y gastos.