A esa altitud, la presión atmosférica es aproximadamente un tercio a la habitual, publica Xataka. Es por este motivo que las cabinas están presurizadas para los pasajeros. Esta diferencia en la presión podría romper no una, sino las tres capas que componen cada ventanilla.
Es que el pasajero nunca está en contacto con la ventanilla en sí, sino con un material mucho más delgado y económico que sirve solo de protector del vidrio que se encuentra en el medio. En la tercera capa, del lado opuesto a la butaca del pasajero, en el fuselaje, se encuentra el último vidrio.
Lo cierto es que la capa del medio actúa como un sistema de refuerzo, un plan b, en el caso realmente improbable de que una ventanilla se quiebre o rompa. Y precisamente lo que permite el agujero, esta pequeña válvula, es equilibrar automáticamente la presión que hay entre las tres capas y evitar daños, además de no permitir que los vidrios se empañen o congelen.