Según su testimonio, esa realidad presentaba diferencias notables respecto al presente, una sociedad con mayor desarrollo tecnológico, pero con menor dependencia de los teléfonos móviles. “Mi vida simplemente pareció continuar... el paso del tiempo era natural”, relató.
Durante ese período, afirma haber atravesado experiencias complejas, incluyendo problemas de salud que la llevaron a ser hospitalizada dentro de esa misma dimensión. El retorno, según describe, ocurrió de forma abrupta, a través de una especie de “túnel” acompañado de imágenes perturbadoras, hasta recuperar la conciencia en el presente.
Experiencias cercanas a la muerte
El regreso no fue inmediato ni sencillo. Tras recuperar signos vitales, permaneció en coma durante un mes. Al despertar, presentaba secuelas neurológicas que afectaban su capacidad de hablar y moverse. Sin embargo, el mayor impacto fue psicológico, la percepción de un desajuste temporal. Relata haber visto a su hermano con una edad significativamente menor a la que recordaba en su experiencia hasta 2030.
Actualmente, tras un proceso de rehabilitación, Rubi comparte su historia como un evento que, asegura, transformó su comprensión de la existencia. Aunque reconoce que lo vivido no corresponde a la realidad física verificable, descarta que se trate de una simple alucinación.
Su caso se suma a otros testimonios de experiencias cercanas a la muerte, un fenómeno que continúa siendo objeto de estudio en neurología y ciencias cognitivas. Para la joven, la conclusión trasciende lo clínico: “La muerte no es un muro, sino una puerta a una vida que nunca termina realmente”.