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Los estudios realizados sobre la confianza dan a entender que la mayoría de nosotros estamos de alguna manera programados para confiar en los demás.
Por norma, no ponemos en duda el relato de los demás, salvo que seamos especialmente incrédulos, la persona cuente con determinados precedentes o el contenido de la propia narración sea una justificación de una conducta que, de alguna manera, no deja en buen lugar al otro, como llegar tarde. Esta declinación neuronal hacia la confianza hace que podamos ser engañados con facilidad.
El perfil psicológico de un estafador se relaciona con características asociadas a la ambición, la avaricia y la gran capacidad para la manipulación y el engaño, de ahí que se aprovechen de la ingenuidad de muchas personas.
A ello se añade que son personas carismáticas, observadoras, que estudian a sus víctimas y con gran capacidad para la palabra.
Suelen ser personas educadas, con buena presencia, que hablan con mucha seguridad y que se ganan pronto la confianza de su víctima. El secreto de todo buen estafador no es lograr que la víctima confíe en él, sino que la víctima sienta que el estafador confía en ella, lo cual es totalmente diferente.
En muchas ocasiones, pueden llegar a utilizar una falsa fragilidad y vulnerabilidad, provocando sentimientos relacionados con el altruismo.
Esto les lleva a buscar víctimas más vulnerables. Los perfiles favoritos son las personas mayores, los turistas, personas desempleadas y personas que tienen necesidades económicas. En la mayoría de las ocasiones son desconocidos, y es habitual que, una vez cometida la estafa, desaparezcan de la zona o municipio.
No tienen escrúpulos, por lo que engañar y estafar a personas que incluso dan más de lo que tienen, no les importa en absoluto.
La falta de empatía, asociada a un egoísmo natural, es una característica altamente asociada a los estafadores, al igual que la falta de remordimientos, antes, durante y después de cometer el engaño y la estafa.
La mejor prevención siempre es una buena información. Por ello, se aconseja no hablar sobre inversiones con personas que no sean de confianza, no facilitar el número secreto de la tarjeta, desconfiar de todo técnico que aparece sin previo aviso y requiera dinero con urgencia (en este caso, se recomienda comprobar que pertenece a la empresa), etc.
Finalmente, cuando se es víctima de una estafa, es fundamental formular una denuncia. De esta forma, se podrá recuperar lo perdido, si no se recupera la cantidad completa, tal vez una parte; pero, sobre todo, se ayudará a que otras personas no caigan en las entretejidas telarañas de los estafadores.
Fuente: Con información de la Mente es Maravillosa