Recuperar espacios
Desde otro costado, para Ponce, la máxima cita futbolística también posibilitó la conformación de espacios de encuentro que no están presentes en la vida cotidiana. "Las familias se reunieron, se juntaron; gente que no ve nunca fútbol estaba en esta instancia. Entonces, eso genera unas sensaciones, genera emociones que hoy día extrañamos. ¿Qué va a suplir ese fenómeno? Es parte de lo que se trabaja y se estudia", apuntó.
El especialista puntualizó que este proceso de construcción de emociones en torno al Mundial de Fútbol masculino no comenzó en junio pasado, sino que se ha venido cebando desde el inicio de las eliminatorias, donde los aficionados siguen –y sufren– a su selección en la procura de uno de los ansiados cupos. En esta oportunidad, añadió, se han sumado características novedosas, como el hecho de que el torneo se disputó en tres países, que participaron 48 selecciones y se disputaron más de 100 partidos.
"Había mucho interés, había mucha demanda informativa […]. Eso hace que, a lo mejor, otras problemáticas que están pasando en el día a día, que están pasando en el país, compitan emocionalmente. Y la persona va a ir a donde puede disfrutar. […]. Creo que estuvimos durante más de 30 días sometidos a mucha estimulación, para que el cerebro esté esperando, a la expectativa", valoró.
El desafío, dijo para concluir, es "recuperar ciertos espacios que se construyeron con el Mundial y que tienen que ver con el reencuentro, con el hablar, con la familia", en el entendido de que ninguna otra competición futbolística suscita las pasiones a la manera como lo hace una Copa FIFA. "Ahora hay que vivir un poquito este duelo. No es patológico ni enfermante, pero sí nos deja con una sensación de que habrá que esperar. Es parte de las situaciones de la cotidianidad", completó.