La segunda es el aprendizaje. Lejos de ser una pérdida de tiempo, la repetición es una de las herramientas más efectivas durante la infancia. Cada visionado de una película o cada lectura reiterada de un cuento permite a los pequeños incorporar vocabulario, estructuras de lenguaje y hasta fórmulas para resolver problemas cotidianos. “Los niños aprenden observando, haciendo, pero también con la repetición”, subraya de Haro.
El tercer beneficio es el descubrimiento de matices. Incluso después de decenas de repeticiones, los niños encuentran detalles nuevos que antes no habían percibido o comprendido. Esta capacidad de reinterpretar lo conocido fortalece su observación, su curiosidad y su pensamiento crítico.
Para los padres, en cambio, la experiencia puede ser desesperante. Ver la misma película una y otra vez resulta cansador y puede poner a prueba la paciencia. Sin embargo, de Haro ofrece un mensaje tranquilizador: “Si tienes un hijo pequeño y le gusta mucho algo, lo vas a repetir muchas veces. Así que paciencia y piensa que es bueno para él”.
En definitiva, ese bucle aparentemente interminable es mucho más que una manía infantil, es una oportunidad de aprendizaje, de crecimiento emocional y de conexión con el mundo.