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Los beneficios del sueño son casi tan conocidos como la marca de las 8 horas: dormir bien hace que recarguemos nuestra energía y podamos. Transitar un día habitual de trabajo y ocupaciones cotidianas habiendo dormido mal nos cuesta el doble. Sin lugar a dudas, tener un buen descanso contribuye a nuestro bienestar y, por este motivo, debería estar dentro de nuestra canasta básica de hábitos saludables.
Sin embargo, según especialistas del campo, el famoso dictamen de las ocho horas tiene notas importantes a pie de página. Al parecer, el tiempo de descanso recomendado varía de acuerdo con la calidad del sueño, los genes, el contexto sociocultural y la edad.
La respuesta es “depende”. Depende de quién eres, de cómo vives y de qué necesitas.
De hecho, charlando con otras personas, podemos descubrir que no todos necesitamos dormir la misma cantidad de horas para rendir física y cognitivamente de igual forma. El sueño es un tema de conversación recurrente entre amigos o miembros de una pareja. Incluso podría ser tema de discusión: “¿cómo haces para dormir tanto?, realmente no lo entiendo”, ¿solo duermes seis horas?, ¿cómo puedes llegar bien al final del día?”.
Bueno, por supuesto que desconozco si ellos están teniendo un adecuado descanso. Lo que quiero decir es que podrían dormir tres o cuatro horas más o menos que tú, sin que eso signifique que su hábito sea más o menos saludable. Porque es indistinto cuánto tiempo dediquen al sueño, siempre y cuando la relación entre la necesidad y la respuesta a esa necesidad sea conveniente.
La Fundación del Sueño (Sleep Foundation) creó y compartió este año una guía actualizada de tiempos de sueño diario recomendados por grupo de edad. Para ello, dividen a la población en nueve grupos etarios y aclaran que, en algunos casos, dormir una hora más o menos que el rango general puede considerarse aceptable -aunque no óptima-, de acuerdo a las circunstancias particulares de la persona.
Para establecer estos indicadores, se convocó a un panel de 18 especialistas de diferentes campos de la ciencia y la medicina que llegaron a las siguientes conclusiones:
Como vemos, el mito de las horas diarias pierde fuerza al notar que, dependiendo de nuestra edad, necesitaremos dormir más o menos. Ahora bien, existen otros aspectos importantes relacionados con el sueño. Son los siguientes:
Para vislumbrar nuestra necesidad de horas de sueño, es esencial tener en cuenta la salud en general y preguntarnos si nos sentimos satisfechos, productivos y descansados durmiendo lo que dormimos ahora. También es importante considerar nuestras actividades diarias y las exigencias que implican, para determinar el nivel de idoneidad de nuestro descanso: ¿practico ejercicio físico con frecuencia?, ¿mi trabajo requiere un alto nivel de gasto energético?
A su vez, es valioso identificar la cantidad de horas que dormimos cuando no tenemos responsabilidades que cumplir al día siguiente. ¿Dormimos más, menos o lo mismo que en un día de trabajo habitual? En esos casos, no nos despierta la alarma del móvil, sino nuestro reloj biológico acompañado de la luz solar. En presencia del sol, nuestro cuerpo deja de segregar melatonina a la vez que favorece la producción del cortisol, que es una hormona capaz de despertarnos.
Ten presente a qué hora te acuestas y a qué hora te levantas los días en los cuales no te corre el reloj. Es entonces cuando puedas obtener información valiosa para escuchar con mayor atención tus necesidades.