Darvill examinó las piedras sarsen (un conjunto de grandes bloques de arenisca utilizados para conformar uno de los círculos concéntricos internos de Stonehenge) y llegó a la conclusión de que fueron colocadas durante la misma fase constructiva, hacia 2500 a.C.
Además, todas procedían de la misma cantera y permanecieron siempre en la misma formación. Según Darvill esto indicaría que las piedras "actuaron" todas como una unidad. Darvill también examinó su numerología y las comparó con otros elementos calendáricos de la misma época.
Así, con todos los datos en la mano, el investigador lanzó la teoría de que las piedras eran una representación física del año y servían para ayudar a los antiguos habitantes de la región a calcular los días, las semanas y los meses.
"El calendario propuesto funciona de una manera muy sencilla. Cada una de las 30 piedras en el círculo de piedras sarsen (que estaban cubiertas con dinteles y de las que hoy quedan 17) representa un día dentro de un mes, dividido en tres semanas, cada una de ellas de 10 días", explica el autor del estudio, quien añade que las piedras distintivas en el círculo marcan el inicio de cada semana.
Este tipo de semanas de 10 días nos puede parecer inusual, pero en la antigüedad hubo muchas culturas, como la egipcia o algunas del Mediterráneo oriental, que también lo adoptaron.