Son principalmente nocturnas y omnívoras. Su vida es rápida y corta. La gestación dura 14 días, la madurez sexual llega a los 10 meses, la menopausia a los 2 años, y la muerte pocos meses después.
La organización informó que para estos "hermosos marsupiales" comenzó la temporada de cría y por ende es esencial que recordemos que "molestar, asustar o mover a las zarigüeyas puede tener consecuencias graves, como la caída de las crías desde el marsupio". Por eso, "hacemos un llamado a la convivencia responsable y pedimos que evitemos proporcionar alimento a estas criaturas o interferir en su hábitat".
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Desde Alternatus señalan que en nuestro país "la falta de una policía ambiental, cuerpos de rescate especializados e incluso la falta de áreas protegidas en cada localidad hace que sea esencial que asumamos un papel activo como guardianes del ecosistema que compartimos", por ende, "es vital que cambiemos nuestra perspectiva y, aunque suene difícil, debemos asumir que la idea de que la vida silvestre debe ser desplazada a otro lugar, es cada vez menos viable en nuestro país".
El modelo sociocultural en el que vivimos pone al ser humano en el centro y a la naturaleza a su merced, un enfoque que nos ha llevado a destruir lo que nos rodea y creer que tenemos derecho a desplazar, lastimar y asesinar. Los animales no humanos forman parte de los diferentes ecosistemas de Uruguay, y es obtuso matarlos solo porque no sabemos cómo lidiar con ellos, cómo alejarlos de nuestra casa y devolverlos a la naturaleza. Podemos actuar de manera diferente, convivir y coexistir siempre que no esté en riesgo nuestra vida o nuestra salud.
Las zarigüeyas "integran la diversidad de especies del ecosistema que compartimos, y al convertirnos en parte de este entorno, asumimos la responsabilidad implícita de protegerlos", enfatizan desde Alternatus. Piden que si alguien ve una comadreja no le haga daño, le dé la oportunidad de continuar con su camino e impida que las mascotas la lastimen o maten.