Sin la menor pretensión de rigurosidad, como mero observador participante en un ejercicio sociológico salvaje, inferí que la convocatoria tuvo eco en una abrumadora mayoría de mujeres, diría tal vez que en el orden de 8 o 9 a 1. Pero con la particularidad de tener una proporción muy significativa de jóvenes, algo más difícil de hallar en comités de base, congresos o actos partidarios.
La razón de fondo que hace converger el planteo corporativo de privilegio de esta casta, con la intuida ausencia a la movilización, es la formación absolutamente retrógrada y ajena incluso a toda eficacia en materia de defensa. En vez de transitar por los liceos donde encontrarán no sólo variados segmentos sociales sino también identidades de género e inclinaciones diversificadas, se recluyen en una institución prácticamente monástica de culto machista y naturalización patriarcal, donde se exalta la fuerza cultivando el desprecio por el disenso, la duda y en última instancia el uso de la razón, además de que se ejercita la concentración vertical del poder. No debe olvidarse que además de los crímenes del terrorismo de Estado denunciados en el mismo período, desde el año 2011, gracias a la valentía de 28 mujeres, conocemos la violencia y abuso sexual por parte de los militares que las secuestraron durante la dictadura, que no se redujo a los perpetradores materiales sino que ellas sostuvieron que era conocido “desde el comandante hasta el último alférez, porque todos eran cómplices”.
En esas instituciones supuestamente formativas rigen los axiomas y las abstracciones patrióticas que se pretenden divinas. En su momento escribí que “la institución misma es violatoria, porque forma a sus integrantes en un marco opresor que a la vez opera como proyecto latente de transgresión mediante una miseria sexual doblemente cosificada: entre la madre, esposa entregada al destino biológico de la reproducción y la servidumbre, y la puta, destinataria deshumanizada de sus mecanizaciones. En un contexto de anomia y poder absoluto como un Estado terrorista, esta concepción se traslada hasta el límite de la disposición de la vida misma de las víctimas. Sus violaciones no eran sino rutinas fisiológicas genitales, descargas eyaculatorias sobre un mero objeto interpuesto, totalmente deshumanizado. La fantasía infantil de “acostarse con todas”, con potencia viril siempre cumplida, tal vez los tranquilice, ayudando a lograr su deserotización plena. ¿Serán pruebas inventadas, como sostuvo el hoy destituido?
La única política de defensa, tan indispensable como posible, es una política científico-tecnológica que no puede producirse sino en el marco civil y con las instituciones educativas y los entes estatales que la puedan implementar con personal formado en las mismas instituciones en las que se forma la totalidad de la fuerza de trabajo, cualquiera sea su género, ideología o identidad.
La decisión del presidente Vázquez no merece más que apoyo, pero en adelante será indispensable ir pergeñando un cambio radical en la política de defensa. Las FFAA, tal como están, no son sólo onerosas para la sociedad, sino además inútilmente dañinas.
Hay que sustituir mucho más que su cabeza.