Lo “nocturno” y lo “diurno” de la dictadura
Para comprender ese período, Rosenberg introdujo una distinción fundamental: lo “nocturno” y lo “diurno” de la dictadura. Lo nocturno remite al horror más conocido —los 30.000 desaparecidos, los centros clandestinos, la tortura—. Pero lo diurno, señaló, refiere a cómo se gestionaron y legitimaron las transformaciones estructurales del país.
“Hubo un proyecto político y económico que no solo se impuso por la fuerza, sino que también buscó y obtuvo consenso”, explicó. Esa idea, subrayó, es central para entender no solo el pasado, sino también el presente.
En ese sentido, la historiadora advirtió que la Argentina actual enfrenta discursos, prácticas políticas y planes económicos que “parecen remitirnos exactamente a un modelo muy parecido al de aquel entonces”. No se trata de una repetición literal, aclaró, sino de una reconfiguración.
“Hoy quizás no hace falta la violencia física tan explícita como en los años 70. Pero existen otras formas de violencia que también deben ser pensadas”, afirmó.
Terrorismo de Estado
Rosenberg planteó que uno de los grandes desafíos a 50 años del golpe es volver a formular preguntas incómodas, cómo fue posible que la dictadura lograra consenso social y qué elementos de ese consenso pueden estar reapareciendo.
En esa línea, cuestionó la idea de que el terrorismo de Estado haya sido completamente clandestino. “¿Cuán clandestino podía ser lo clandestino?”, se preguntó, al mencionar el caso emblemático de la ESMA, ubicada en plena avenida del Libertador, en la ciudad de Buenos Aires.
Para la historiadora, el terror no solo se ejerció sobre los militantes perseguidos, sino que se extendió como una herramienta para disciplinar a toda la sociedad. “Lo que se necesitaba era una sociedad atemorizada”, afirmó.
Ese clima de miedo permitió, según su análisis, una transformación profunda del país, un cambio radical en el modelo productivo y en la estructura social argentina.
Otro punto clave que destacó Rosenberg es el cambio generacional en la forma de relacionarse con la dictadura. Mientras quienes crecieron en los años 80 y 90 convivieron con la presencia pública de los responsables del régimen, las nuevas generaciones nacieron en un contexto marcado por las políticas de memoria, verdad y justicia.
Vigencia de nuevas narrativas
Sin embargo, esa distancia temporal también implica nuevos riesgos. “Este presente nos demanda volver a pensar todo esto con nuevas preguntas”, señaló.
En particular, alertó sobre la vigencia de narrativas que plantean que ciertos sectores de la sociedad deben ser excluidos o eliminados para alcanzar el desarrollo económico. Para Rosenberg, este tipo de discursos no son nuevos, pero hoy vuelven a encontrar eco.
“La dictadura tuvo antecedentes y también tiene continuidades”, explicó, al referirse a una tradición liberal-conservadora “muy fuerte” en la historia argentina.
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