El portal G1 asegura que el estado general del edificio, uno de los más icónicos de Brasilia, no es bueno y requiere muchas reparaciones. Lo anterior debe retrasar la mudada de Janja y Lula para vivir en el lugar. Según la primera dama, su esposo decidió el martes visitar, por tercera vez en vida, su hogar como jefe de Estado y se mostró «un tanto decepcionado», al encontrar el predio en deplorable situación.
Después de todo, el fundador del Partido de los Trabajadores vivió allí durante ocho años, de 2003 a 2010, en sus dos mandatos. El exdirigente obrero llegó a sembrar un macizo de la flor de Mandacaru, que representa fuerza, esperanza y coraje, en el lugar cuando era presidente, el cual debería estar crecido. Sin embargo, al llegar al palacio constató que el árbol no estaba allí, había sido retirado, ausencia que lo dejó muy desencantado, según Janja.
G1 precisa que la intención de la primera dama es comenzar una reforma en una parte de la Alvorada, en especial en la residencia, en los próximos 20 días, para poder mudarse. Pero en la otra área privada y en la pública la reforma continuará, incluso, con el presidente viviendo allí.
En otro acto de hostilidad respecto a inmuebles, Bolsonaro también causó dolor de cabeza a Lula. La gestión anterior dejó puertas de acceso del Palacio del Planalto, sede del Poder Ejecutivo en Brasilia, cerradas y sin llave. Ante la situación, el nuevo grupo tuvo que realizar cambios de cerraduras.
El líder petista derrotó en la segunda vuelta de sufragio del 30 de octubre al exparacaidista, que codiciaba reelegirse. Recientemente, el excapitán del Ejército viajó a Estados Unidos para no tener que entregarle la banda presidencial, el 1 de enero, al hijo de la clase obrera.