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Cerco naval a Cuba: un acto de guerra a la vista de todos

Fernando Ravsberg advirtió que el cerco naval de Estados Unidos a Cuba y la captura de barcos petroleros profundizan el bloqueo y configuran un acto de guerra.

Al endurecimiento de las sanciones de Estados Unidos contra Cuba se sumó en las últimas semanas la captura de barcos petroleros y el decomiso de cargamentos de diésel destinados a la isla. Para el periodista uruguayo Fernando Ravsberg, residente en Cuba, estas medidas van más allá de la presión económica y configuran un escenario de creciente hostigamiento.

«Lo de los barcos capturados ya implica un cerco naval a Cuba, lo cual es de hecho un acto de guerra. No es un simple bloqueo económico, es un acto de guerra cuando tú rodeas un país y no le permites que entre», afirmó durante una entrevista con el programa Legítima Mañana.

Nuevas sanciones

Nuevas restricciones estadounidenses también alcanzan a empresas privadas cubanas, mediante medidas sobre cuentas bancarias y mecanismos de pago. A esto se suma el decomiso de cargamentos de combustible que ya habían sido comprados y pagados, pero que no llegaron a su destino.

Ravsberg se refirió específicamente a unos 71 contenedores con diésel retenidos en puertos estadounidenses, en una operación que, de acuerdo con lo expuesto en el programa, habría afectado alrededor de 600.000 litros de combustible. El periodista cuestionó que Washington presente estas operaciones como simples incautaciones, cuando sus consecuencias impactan directamente en el abastecimiento de la isla.

«Dicen que el petróleo venía de contrabando. Es que tiene que venir escondido porque de otra manera no lo dejan pasar; o sea, ningún barco podría traerlo», sostuvo.

Un país bajo presión que sigue funcionando

A pesar de la intensificación de las restricciones, Ravsberg señaló que Cuba continúa funcionando, aunque en condiciones cada vez más difíciles. Según su análisis, las autoridades estadounidenses parecen sorprendidas de que el agravamiento de la crisis no haya provocado el colapso que esperaban ni protestas masivas en las calles.

El periodista puso como ejemplo el sistema educativo. Aunque la escasez de combustible amenaza servicios esenciales y complica los traslados, el curso escolar anterior concluyó y las clases volvieron a comenzar en septiembre. Incluso, relató, los niños que ingresaron a primer año recibieron sus pañoletas azules en actos de bienvenida. La referencia no implica desconocer la profundidad de las dificultades que atraviesa la población, sino mostrar cómo la vida cotidiana continúa en medio de una situación de escasez y restricciones.

Para Ravsberg, una de las claves para entender esa capacidad de resistencia está en las formas de organización comunitaria que aparecen frente a los problemas concretos. En su barrio, por ejemplo, la falta de gasolina impidió que los camiones recolectores de residuos cumplieran con normalidad su tarea. Ante esa situación, los vecinos se organizaron para buscar una alternativa. Según relató, coordinaron con personas que recogían materiales entre los residuos, les facilitaron carritos y establecieron un sistema para trasladar la basura hasta un punto de acopio. Desde allí, un solo viaje permitía retirar los desechos acumulados. «Son soluciones, una especie de solidaridad barrial», resumió.

La solidaridad frente a la lógica del mercado

Otro de los aspectos que destacó Ravsberg es el papel de los pequeños empresarios privados cubanos, un sector que, según recordó, Estados Unidos había buscado promover como parte de su estrategia de acercamiento a la sociedad de la isla.

El periodista evocó una visita del expresidente estadounidense Barack Obama a Cuba, durante la cual se reunió con emprendedores locales. Entre ellos estaba Papote, conocido por impulsar el Callejón del Peluquero, un proyecto que contribuyó a transformar una zona de La Habana Vieja mediante la apertura de negocios y peluquerías.

Durante aquel encuentro, Obama había destacado la posibilidad de que una persona con una buena idea pudiera convertirse en multimillonaria en Estados Unidos. La respuesta del emprendedor cubano, recordó Ravsberg, apuntó a una diferencia de prioridades: «Yo sé que a ustedes les debe servir porque, de hecho, tienen una economía muy fuerte, pero es muy duro hacerme multimillonario si mis vecinos están sin comer». Para Ravsberg, esa respuesta sintetiza una concepción de los negocios en la que el beneficio económico convive con la responsabilidad hacia el entorno social.

El periodista aclaró que no se trata únicamente de una cuestión política o ideológica, sino también de valores de solidaridad que, a su entender, forman parte de la experiencia de muchos cubanos. Como ejemplo, relató que algunos emprendedores envían meriendas a personas mayores que viven solas, mientras otros han financiado la instalación de paneles solares en hospitales o policlínicas.

En paralelo, explicó que hay empresarios que compran combustible en Estados Unidos para venderlo posteriormente en Cuba a quienes lo necesitan. Sin embargo, esas operaciones se enfrentan a condiciones que encarecen considerablemente el producto: según su relato, deben adquirirlo en cantidades limitadas y a precios elevados, sin poder recurrir a los grandes buques cisterna que permitirían abaratar el transporte.

La actividad privada, por tanto, también queda condicionada por las restricciones externas y por las dificultades de abastecimiento que atraviesa el país.

Más sanciones, menos combustible

La ofensiva estadounidense contra los cargamentos de combustible introduce nuevas dificultades en una economía que depende del suministro energético para sostener el transporte, la recolección de residuos, la actividad productiva y los servicios públicos. El decomiso de diésel que ya había sido adquirido por compradores vinculados a Cuba evidencia, según el planteo de Ravsberg, que las medidas no se limitan a presionar al Estado cubano, sino que pueden alcanzar también a quienes intentan abastecerse mediante circuitos comerciales privados.

Ese punto resulta especialmente relevante porque la falta de combustible repercute más allá del transporte. La interrupción de servicios de recolección de residuos, las dificultades para cocinar y la necesidad de buscar fuentes alternativas de energía muestran cómo las restricciones pueden trasladarse rápidamente a la vida cotidiana.

En ese escenario, Ravsberg destacó el crecimiento de la energía solar como otra respuesta frente a la crisis. La instalación de paneles y la búsqueda de soluciones descentralizadas aparecen como formas de reducir la dependencia de un sistema energético sometido a fuertes limitaciones. Sin embargo, estas alternativas no eliminan los problemas estructurales ni garantizan que toda la población pueda acceder a ellas.

Para Ravsberg, una de las contradicciones de la estrategia estadounidense está en la expectativa de que el deterioro económico termine provocando una ruptura política dentro de Cuba. Según su interpretación, quienes diseñan las sanciones no han comprendido plenamente la capacidad de adaptación de la sociedad cubana ni los vínculos de solidaridad que se generan ante las dificultades.

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