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COP30: Brasil le dice adiós al traje y la corbata en la cumbre del clima

El calor amazónico derritió la etiqueta. Brasil liberó el protocolo en la COP30 y apuesta por un “informal elegante” para salvar el planeta sin asfixiarse.

En Belém, donde el aire se puede cortar con cuchillo, el Gobierno brasileño decidió poner fin a una vieja tortura, los trajes y corbatas quedarán fuera de la COP30. La orden viene con el sello de la sensatez (y un toque tropical), nada de sofocarse bajo la formalidad diplomática mientras se discute cómo enfriar el planeta.

El anuncio llegó este jueves en un comunicado oficial enviado a todas las delegaciones. “Recomendamos adoptar un estilo informal elegante”, dice el texto, con esa diplomacia carioca que traduce en clave diplomática lo que en portugués cotidiano sería: “Pónganse cómodos, que esto es la Amazonia”.

La medida se toma en respuesta a las altas temperaturas y la humedad que imperan en Belém, capital del estado de Pará, donde del 10 al 21 de noviembre se reunirán más de 50.000 personas para la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30). Jefes de Estado, científicos, empresarios y activistas compartirán espacio en la ciudad amazónica para debatir cómo evitar que la Tierra siga subiendo la temperatura.

Cumbre de Líderes

Antes de que arranque el foro principal, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva oficiará de anfitrión de la Cumbre de Líderes, prevista para los días 6 y 7 de noviembre. Allí se espera la presencia de más de 50 mandatarios, dispuestos a posar para la foto sin corbata, con las mangas arremangadas y, probablemente, algún abanico a mano.

El contenido de la COP30, sin embargo, será cualquier cosa menos liviano. Sobre la mesa estarán temas cruciales: la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la adaptación de infraestructuras ante los desastres climáticos, la conservación de los bosques —incluida la Amazonia, el “pulmón del mundo” hoy bajo presión— y la financiación para la transición energética.

También se evaluará el cumplimiento del Acuerdo de París, el pacto global que busca limitar el aumento de la temperatura media del planeta a 1,5 °C respecto a los niveles preindustriales. Cada año, esa meta se ve más lejana, y los expertos alertan que sin medidas más drásticas los efectos serán irreversibles.

Al final, entre discursos, acuerdos y cafés helados, Belém promete una cumbre distinta. Una donde los líderes mundiales puedan respirar sin que el cuello de la camisa se les pegue a la piel. Y quién sabe, quizás entre una guayabera y otra surjan las ideas que logren, al fin, darle un respiro a la Tierra.

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