Trump acusó directamente a McEntarfer de “falsificar” los datos para beneficiar a la exvicepresidenta Kamala Harris, su eventual rival en las elecciones presidenciales de noviembre. “Nos va muy bien. Creo que las cifras eran falsas, como ya lo fueron antes de elecciones anteriores. ¿Saben lo que hice? La despedí”, dijo el mandatario a los periodistas en el Jardín Sur de la Casa Blanca.
Ataque a la independencia estadística
El despido de McEntarfer fue criticado por varios economistas y funcionarios, que alertaron sobre el riesgo de socavar la credibilidad institucional de la BLS, una agencia considerada históricamente como no partidista. Jason Furman, exasesor económico del presidente Obama y actual profesor en Harvard, señaló que “es indignante que alguien del Gobierno cuestione la integridad de la BLS”. Y agregó: “Los países que han intentado falsificar esas estadísticas a menudo han terminado en crisis económicas”.
También el economista jefe de Moody’s Analytics, Mark Zandi, sostuvo que los datos de empleo elaborados por la BLS “son del más alto nivel” y “tan precisos como pueden serlo”, y advirtió que “cualquier cosa que socave esa percepción es profundamente preocupante”.
Incluso Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal, manifestó en junio su inquietud por los recortes presupuestales que Trump impulsa en el organismo. En su comparecencia ante el Congreso, Powell dijo que si bien aún confiaba en la calidad de los datos, le preocupaba el rumbo de la situación: “Ha habido una degradación muy leve del alcance de las encuestas. La dirección que está tomando la situación es algo que me preocupa”.
Sin embargo, desde el oficialismo, la secretaria de Trabajo Lori Chávez-DeRemer respaldó la decisión presidencial. “Apoyo la sustitución del comisionado nombrado por Biden. Es fundamental que el pueblo confíe en los datos de empleo”, expresó en redes sociales.
Ofensiva contra los datos incómodos
Esta no es la primera vez que Trump cuestiona la BLS. Ya lo había hecho durante su primera campaña en 2016, cuando acusó que las cifras de desempleo estaban “infladas” para favorecer al entonces presidente Obama. En 2024, criticó al gobierno de Biden por haber “sobreestimado” en 818.000 empleos el crecimiento laboral anual, y acusó un “encubrimiento” estadístico.
Sin embargo, su relación con la BLS ha sido ambivalente. En 2017, cuando el organismo publicó cifras favorables bajo su primer mandato, su vocero Sean Spicer celebró públicamente los datos. Y hace apenas un mes, la actual vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, destacaba en redes que la economía había superado las expectativas en cuatro informes consecutivos.
Ahora, con una economía que da señales de enfriamiento, el discurso cambia radicalmente. Las cifras, señala Trump, son parte de una conspiración. Pero como ironizó el senador demócrata Mark Warner: “Despedir al árbitro no cambia el marcador. Los estadounidenses merecen saber la verdad sobre la economía de Trump”.