La respuesta internacional no se hizo esperar. Organismos humanitarios denunciaron el uso desproporcionado de la fuerza y exigieron una investigación independiente sobre lo ocurrido. Pero desde Washington, Donald Trump insistió en que “nada pondrá en peligro el alto el fuego”, una afirmación que contrasta con la magnitud del desastre en Gaza.
“El gobierno de Netanyahu sabe que este acuerdo es demasiado importante como para fracasar”, analizó Rob Geist Pinfold, profesor de seguridad internacional en el King’s College de Londres. En declaraciones a Al Jazeera, el experto señaló que es “improbable que los ataques no se hubieran acordado previamente con los estadounidenses”, lo que refuerza la percepción de que Estados Unidos sigue respaldando las acciones de Israel pese al costo humanitario.
Hospitales colapsados
Mientras tanto, en el terreno, el dolor se multiplica. Los hospitales, ya colapsados, atienden heridos en los pasillos y patios. Las morgues improvisadas no dan abasto y cientos de familias buscan a sus desaparecidos entre los restos de los edificios destruidos. Según The Guardian, gran parte de los muertos pertenecían a familias desplazadas que vivían en tiendas de campaña tras haber perdido sus hogares en ofensivas anteriores.
La tragedia pone nuevamente en evidencia la fragilidad del llamado “plan de paz” y la distancia entre los discursos diplomáticos y la realidad del terreno. En Gaza, donde el 80% de la población depende de ayuda humanitaria, cada ataque deja una cicatriz más profunda y un futuro más incierto.
A pesar de los comunicados oficiales y las promesas de mantener la tregua, el panorama es sombrío. La reanudación del alto el fuego tras una ofensiva tan sangrienta se percibe más como una pausa técnica que como un compromiso real con la paz. En las calles destruidas de Gaza, la palabra “tregua” perdió todo significado.
Fuentes: Con información de Reuters, AP News, The Guardian, Al Jazeera, Washington Post, Democracy Now