Aquel día, Diego había vuelto del colegio al mediodía, almorzó con su madre y luego le pidió dinero para tomar el colectivo. Dijo que iba a visitar a un amigo, pero no dio más detalles. A la noche, tras no recibir noticias del joven, sus padres se dirigieron a la comisaría 39 para hacer la denuncia, pero no se la aceptaron. “Se fue con una mina, ya va a volver”, les dijeron los agentes policiales, según relataron años después.
Su padre creyó hasta su muerte que lo raptó una secta
Tras su desaparición, la familia de Diego inició entonces una intensa búsqueda. Distribuyeron panfletos, intentaron contactar medios de comunicación, pero lo único que lograron fue una entrevista en la revista ¡Esto!, que publicaba el diario Crónica.
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La nota fue publicada en mayo de 1986, casi dos años después de la desaparición. En esa entrevista, su padre, Juan Benigno, expresó su frustración con la investigación policial, o más bien, la ausencia de ella.
“La Policía dice que tiene tres mil casos iguales. Y fíjese qué absurdo: desde el primer momento lo caratularon como 'fuga de hogar'. Yo protesté y ¿sabe qué me dijeron? Que así estaban impresos los formularios. Me negué a eso, pero como si nada. ¿Qué quiere que investiguen si ya dan por sentado que él se fue, y no que me lo robaron?”, declaró el padre de Diego en la entrevista.
El padre de Diego falleció en un accidente de tránsito. Siempre estuvo convencido de que su hijo había sido secuestrado por una secta.
El hallazgo y el examen de ADN positivo tras 41 años
Pero nunca se supo nada de él hasta ahora, cuando 40 años después, de pura casualidad, lo que quedaba de su cuerpo fue encontrado por unos obreros que trabajaban en una casa de calle Congreso 3742, terreno de una casona donde entre 2002 y 2003 vivió Cerati.
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Los restos óseos fueron encontrados el pasado 20 de mayo y de acuerdo a los resultados de la autopsia que realizaron, la víctima era una persona de entre 15 y 19 años que habría muerto de forma violenta, ya que presentaba puntazos entre la costilla 4 y 5.
En ese mismo reporte, que ya fue entregado a la fiscalía, los especialistas advirtieron también que los restos tenían marcas y cortes en el fémur izquierdo, por lo que la principal hipótesis es que intentaron desmembrarlo.
Un sobrino de Diego fue el que, atando cabos, se convenció de que los restos podían pertenecer al adolescente. Una prueba de ADN determinó sin lugar a dudas que los huesos encontrados en el jardín del chalet eran los de su tío.
A poco de cumplirse tres meses del hallazgo, el trabajo de los forenses permitió identificar a la víctima.
El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) le tomó una muestra a la madre que dio un match perfecto.